Mayo 30
Porque por gracia ustedes han sido salvados por medio de la fe (Efesios 2:8).
El Nuevo Testamento establece una correlación entre la fe y la gracia para dejar en claro que no nos podemos jactar de lo que la gracia logra.
Uno de los ejemplos más conocidos está en Efesios 2:8. Por gracia, por medio de la fe. Esa es la correlación que protege la libertad de la gracia. Por gracia, por medio de la fe.
La fe es el acto del alma que nos lleva a alejarnos de nuestras propias carencias y a buscar los recursos gratuitos y absolutamente suficientes de Dios. La fe se centra en la libertad de Dios para conceder gracia a los indignos. Entonces, confía en la abundancia de Dios.
Por tanto, la fe, por su propia naturaleza, anula la jactancia y se ajusta a la gracia. Dondequiera que la fe mire, ve la gracia detrás de todo acto digno de elogio. Así que no se jacta, excepto en el Señor, quien es el Autor de la gracia.
Por eso Pablo, después de decir que la salvación es por gracia por medio de la fe, agrega: “Y esto no procede de ustedes, sino que es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe” (Efesios 2:8-9). La fe no puede gloriarse en la bondad, capacidad o sabiduría humanas, porque la fe se enfoca en la gracia gratuita y abundante de Dios. Toda bondad que la fe ve, la ve como fruto de la gracia.
Cuando la fe observa nuestra “sabiduría de Dios, y justificación, santificación y redención”, declara: “El que se gloría, que se gloríe en el Señor” (1 Corintios 1:30-31).
