Abril 19
«Por tanto, el que cree que está firme, tenga cuidado, no sea que caiga». 1 Corintios 10:12
En una biografía, tanto el autor, al escribir, como los lectores, al leer, se enfrentan a la gran tentación de pasar por alto las faltas del sujeto. La Escritura, en cambio, no tiene la tentación de ocultar o excusar las faltas, los fracasos o los pecados de sus héroes. Y es en las secuelas del triunfo espiritual donde el potencial de la derrota parece estar en su punto más alto.
En una victoria de la fe, Noé continuó de manera obediente, sin que cayera una gota de lluvia, la construcción del arca. Pero después del diluvio, leemos una lamentable descripción de todo lo que Noé permitió que ocurriera en su embriaguez (ver Gn 9:20-27). Abram emprendió el camino de la fe; sin embargo, luego trajo la desgracia sobre sí mismo y su familia a través de sus mentiras cuando bajó a Egipto (Gn 12:10-20). David triunfó sobre Goliat, pero más tarde se encontró cometiendo adulterio (y muy probablemente violación), asesinato y caos (2S 11 en adelante).
Cada uno de estos personajes son héroes que lograron grandes cosas por la causa de Dios, y que también fracasaron. Se mantuvieron firmes y cayeron estrepitosamente. La Biblia nos da estos ejemplos no como excusas detrás de quienes podemos escondernos, sino como advertencias para librarnos de la autocomplacencia cuando las cosas van bien, y de esperar demasiado de los demás, y, de hecho, ¡de esperar demasiado de nosotros mismos!
El teólogo A. W. Pink nos recuerda: «Dios permite que resalte el hecho de que los mejores hombres no son más que hombres. Por ricos que sean en dones, por eminentes que sean en el servicio de Dios, por mucho que Él los honre y los use, si Su poder sustentador se apartara de ellos por un momento, se vería en seguida que son ‘vasos de barro’. Ningún hombre puede mantenerse por más tiempo del que es sostenido por la gracia divina. El más experimentado de los santos, por sí mismo es tan frágil como el agua y tan tímido como un ratón».¹
Gracias a Dios, Él no nos abandona a nosotros mismos: nos provee de justicia, salvación, verdad y Su Palabra para que podamos no solo soportar, sino permanecer fuertes en medio de cada prueba y tentación. Al reconocer en nosotros las mismas debilidades y derrotas que experimentaron héroes como Noé, Abraham y David, podemos confiar en la gracia y el poder de Dios para sostenernos a través del Señor Jesús, nuestra única y verdadera «vía de escape» (1Co 10:13). Deja que esto te sirva como recordatorio de que continúas en tu fe, creces en santidad o impactas el mundo para el reino no como resultado de tu fortaleza, intelecto o carácter, sino por la gracia de Dios. La persona que realmente sabe esto ve la autocomplacencia como un grave peligro, y ve la oración como algo absolutamente esencial, pues sabe que solo el Señor puede mantenerlo en pie día a día, momento a momento. ¿Y tú?
¹ The Life of Elijah [La vida de Elías] (Banner of Truth, 1963), 201.
Devocional tomado del libro Verdad para Vivir: 365 devocionales diarios
