Abril 17
Porque este es el amor de Dios: que guardemos Sus mandamientos, y Sus mandamientos no son difíciles. Porque todo lo que es nacido de Dios vence al mundo. Y esta es la victoria que ha vencido al mundo: nuestra fe (1 Juan 5:3-4).
Nota: amar a Dios no es solo guardar Sus mandamientos. Es tener un corazón para Dios que implica que guardar los mandamientos no es una carga. Eso es lo que dice Juan. Pero luego presenta esa verdad en términos de nuevo nacimiento y fe, en lugar de amor. Dice, sin interrupción, “Porque”, es decir, esta es la razón por la que los mandamientos de Dios no son una carga: “Todo lo que es nacido de Dios vence al mundo”. Así que, el nuevo nacimiento es lo que supera los obstáculos mundanos para guardar los mandamientos de Dios sin carga.
Y finalmente añade: “Y esta es la victoria que ha vencido al mundo: nuestra fe”. Entonces, el nuevo nacimiento supera los obstáculos mundanos para guardar los mandamientos sin cargas, porque el nuevo nacimiento da origen a la fe. El milagro del nuevo nacimiento crea la fe, que acepta todo lo que Dios es para nosotros en Cristo como supremamente satisfactorio, lo que hace que la obediencia a Dios sea más deseable que las tentaciones del mundo. Y eso es lo que significa amar a Dios.
El pastor y teólogo del siglo dieciocho, Jonathan Edwards, analizó este texto y concluyó: “La fe salvadora implica… amor… Nuestro amor a Dios nos permite superar las dificultades que conlleva el cumplimiento de Sus mandamientos, lo que demuestra que el amor es lo principal de la fe salvadora, es su vida y poder, mediante los cuales produce grandes efectos”.
Creo que Edwards estaba en lo cierto y creo que numerosos pasajes bíblicos respaldan lo que él dice.
Otra manera de expresarlo es que la fe en Cristo no consiste solamente en aceptar lo que Dios es para nosotros, sino también en abrazar todo lo que Él es para nosotros en Cristo. “La fe verdadera abraza a Cristo en todas las maneras en que las Escrituras lo presentan a los pobres pecadores”, esa es otra frase de Edwards. Este “abrazar” es un tipo de amor a Cristo, el tipo de amor que lo atesora por sobre todas las cosas.
Entonces, no hay contradicción entre 1 Juan 5:3, que dice que nuestro amor a Dios nos capacita para cumplir Sus mandamientos, y el versículo 4, que dice que nuestra fe vence los obstáculos del mundo que nos impiden obedecer los mandamientos de Dios. El amor a Dios y a Cristo es parte de la fe.
Juan define la fe que obedece como “el que cree que Jesús es el Hijo de Dios” (1 Juan 5:5). Esta fe es “abrazar” al Jesús presente como la gloriosa persona divina que es: el Hijo de Dios. No es simplemente asentir a la verdad de que Jesús es el Hijo de Dios, porque los demonios lo aceptan. “Y gritaron: ‘¿Qué hay entre Tú y nosotros, Hijo de Dios? ¿Has venido aquí para atormentarnos antes del tiempo?’” (Mateo 8:29). Creer que Jesús es el Hijo de Dios significa “abrazar” la importancia de esa verdad, el valor de la realidad. Significa estar satisfechos con Cristo como el Hijo de Dios y con todo lo que Dios es para nosotros en Él.
“Hijo de Dios” significa que Él es la persona más grande del universo junto con el Padre. Por tanto, todo lo que Él enseñó es verdad, todo lo que Él prometió se mantendrá firme y toda la grandeza que hay en Él y que satisface nuestra alma estará eternamente sin cambio.
Creer que Él es el Hijo de Dios, por tanto, implica contar con todo esto y estar satisfecho con ello.
