Octubre 30
“Noemí le dijo: ‘Hija mía, ¿no he de buscar seguridad para ti, para que te vaya bien? Ahora pues, ¿no es Booz nuestro pariente, con cuyas criadas estabas? Mira, él va a aventar cebada en la era esta noche. Lávate, pues, y perfúmate y ponte tu mejor vestido y baja a la era’”. Rut 3:1-3
Dios es soberano y, por tanto, podemos tomar decisiones audaces. Como lo haría cualquier familiar, Noemí quería que su (viuda) nuera Rut fuera cuidada. Así que instó a Rut a ir a Booz y pedirle que asumiera el papel de proveedor al casarse con ella. Por supuesto, debemos tener cuidado de no leer muchas nociones contemporáneas en esta historia del Antiguo Testamento, pues esa época tenía sus propias costumbres. Pero también debemos recordar que esta era la vida real de personas reales en una aldea real del Medio Oriente que se encontraba con un Dios real y entregaba sus vidas sin reservas a Él. Como tal, hay verdades eternas que aprender. Principalmente, podemos aprender que, si bien la providencia de Dios gobierna sobre nuestras vidas, no limita nuestra libertad para tomar decisiones. La soberanía reinante de Dios no obstaculizó el razonamiento de Noemí ni la respuesta de Rut. El Señor era soberano sobre esto, pero no a expensas de sus decisiones.
La historia de Rut también nos recuerda que aun cuando los errores alteran nuestras vidas, Dios los redime para nuestro bien supremo y Su gloria. El esposo de Noemí no debería haber trasladado a su familia de la tierra prometida a Moab, los enemigos del pueblo de Dios; y sus hijos no deberían haberse casado con mujeres moabitas, ya que la ley de Dios prohibía casarse con gente de otras religiones. Pero estas decisiones equivocadas llevaron a Rut y Noemí a Dios y a la línea de su hijo redentor como antepasado de Jesús (Mt 1:1-6). Tal redención no es una excusa para nuestra rebelión intencional, pero es una garantía constante de que no necesitamos desesperarnos por errores pasados.
Del mismo modo, la soberanía de Dios al tejer Su plan de redención, primero al traer a Su Hijo al mundo y luego al llamar a Su pueblo a la fe en Él, es una seguridad constante al enfrentar decisiones y considerar este o aquel curso de acción. Confiamos en Dios a través de la acción llena de fe. Noemí no solo se sentó en su casa esperando que Dios actuara, diciendo: Lo que Dios quiera será. No, ella tomó medidas alentando a Ruth a dar el siguiente paso en lo que parecía estar desarrollándose.
Confiar en la providencia de Dios no significa que nos sentemos y esperemos a que el plan se desarrolle, cantando Qué será, será, puesto que “el futuro no es nuestro para ver”. En cambio, deberíamos citar las palabras de Jesús: “No se haga Mi voluntad, sino la Tuya” (Lc 22:42). Después de que Jesús oró esta oración, procedió a vivirla en perfecta obediencia, incluso hasta el punto de la muerte.
El camino de la vida puede tener muchos giros y vueltas, pero la Palabra de Dios promete que “para los que aman a Dios, todas las cosas cooperan para bien, esto es, para los que son llamados conforme a Su propósito” (Ro 8:28). Anímate con esta promesa. ¿Te enfrentas a una decisión? ¿Te estás preguntando qué camino tomar? Dios es soberano, y Dios salva. Decidan lo que decidan, vivan con valentía y vivan libremente dentro del consuelo de la providencia de Dios.
¹ Ray Evans, “Qué será, será” (1956).
Devocional tomado del libro Verdad para Vivir: https://poiema.co/es-co/products/verdad-para-vivir
