Octubre 26
“Y José dijo a sus hermanos: ‘Yo voy a morir, pero Dios ciertamente cuidará de ustedes y los hará subir de esta tierra a la tierra que Él prometió en juramento a Abraham, a Isaac y a Jacob’… Y murió José a la edad de 110 años. Lo embalsamaron y lo pusieron en un ataúd en Egipto”. Génesis 50:24, 26
Que la Biblia esté llena de relatos de muertes debería hacer que afrontemos la realidad de nuestra propia muerte eventual. Todos nuestros días son limitados. Dios no ha elegido informarnos sobre la fecha de nuestra muerte, pero el salmista nos dice que cada día de nuestras vidas fue escrito en el libro de Dios antes de que uno de ellos llegara a ser (Sal 139:16). José vivió hasta los 110 años; sin embargo, como todos nosotros, tuvo que aceptar su mortalidad. José entendió y aceptó su muerte. Aquí no había rabia contra la muerte de la luz, para usar las palabras del poeta Dylan Thomas¹, sino más bien lo que nuestros antepasados puritanos habrían llamado una “buena muerte”. ¿Qué es lo que nos permite morir bien? Una teología fuerte, una fuerte comprensión de quién era y es Dios. Al final, José fortaleció su fe al recordar evidencias del cuidado providencial de Dios hacia Él y Sus promesas a Su pueblo. Debido a su creencia en la bondad de Dios, podía enfrentar la muerte directamente. No estaba asustado ni era egoísta; no se aferró a las sombras ni se aferró a esperanzas vanas. En cambio, sus palabras fueron breves y se centraron en su familia y en Dios. Tal respuesta solo puede provenir de una visión del mundo enmarcada por el carácter y el propósito divinos.
¿Creemos, como lo hizo José, que Dios liberará a Su pueblo? ¿Podemos ver evidencia de esta creencia en nuestras propias vidas? ¿Hemos mirado hacia atrás a la fidelidad de Dios y hemos descubierto que no importa cuál sea la angustia o el quebrantamiento por el que hayamos pasado, podemos decir con el salmista: “En Dios descansan mi salvación y mi gloria; la roca de mi fortaleza, mi refugio, está en Dios” (Sal 62:7)? Es la buena teología, no los sentimientos, la que nos sostendrá en la vida y nos consolará mientras luchamos con la muerte. Cuando llegan los días difíciles, es entonces cuando nos aferramos a lo que sabemos que es verdad. De José y su vida podemos aprender esta asombrosa verdad: el Dios que nos unió ha ordenado todos nuestros pasos en todos nuestros días, y Él teje nuestras vidas en la gran historia del cumplimiento soberano de Sus promesas a Su pueblo. Con fe en este Dios, podemos enfrentarnos a la muerte cantando:
*Con misericordia y con juicio
Mi red de tiempo tejió;
Y sí, los rocíos del dolor fueron lustrados por Su amor;
Bendeciré la mano que guio,
Bendeciré el corazón que planeó,
Cuando entronado donde mora la gloria
En la tierra de Emanuel.*²
¹ “Do Not Go Gentle Into that Good Night” [“No vayas suave a esa buena noche”] en In Country Sleep, and Other Poems[Sueños campestres y otros poemas] (Dent, 1952).
² Anne R. Cousin, “The Sands of Time Are Sinking” [“Las arenas del tiempo se hunden”] (1857).
Devocional tomado del libro Verdad para Vivir: 365 devocionales diarios
