Hace poco me presionaron bastante, delante de lo que resultó ser una audiencia de millones de personas, sobre la complicadísima cuestión del sufrimiento animal.
En cierto sentido, fue un desafío extraño, viniendo de un ateo que no creía en la moralidad. Aun así, a los 26 años, Alex O’Connor ya era uno de los ateos más elocuentes del planeta, y siguió insistiendo en el tema de un Dios supuestamente benevolente que ni siquiera se inmutaba ante el incalculable sufrimiento acumulado de las criaturas sensibles que habitan el planeta.
Estoy seguro de que te resulta obvio que un ateo no puede plantear una queja sustantiva sobre el sufrimiento sin meter a escondidas la moralidad en la ecuación. El sufrimiento es malo; de lo contrario, ¿por qué quejarse? El mal requiere una moralidad objetiva. La moralidad objetiva requiere a Dios.
Sin embargo, O’Connor es un emotivista. Para él, las afirmaciones morales no son más que ruido emocional carente de contenido y, por tanto, carente de significado. El sufrimiento hace que O’Connor se sienta mal, lo cual es comprensible, pero eso es todo lo que su punto de vista le permite.

Si eso es a lo que se reduce la queja de O’Connor, entonces su reclamo contra un Dios bueno simplemente se desvanece. ¿Por qué está obligado Dios a crear un mundo donde no pase nada que haga sentir mal a nadie?
Aun así, la objeción no se puede ignorar. Dios es real y Dios es bueno, y los animales sufren. ¿Por qué? Este desafío se conoce clásicamente como el problema del sufrimiento gratuito: el sufrimiento que no tiene justificación moral alguna. ¿Cómo respondemos?
He tenido mucho tiempo para pensar en el desafío de O’Connor desde esa conversación, y quiero compartir algunas ideas que tal vez te ayuden si te enfrentas a la misma inquietud.

Primero, es totalmente apropiado que los cristianos reconozcamos que el dolor es un problema. Según nuestra historia, el mundo está profundamente quebrantado, y ese quebrantamiento afecta a todo en la creación. Pablo señala en Romanos 8 que, en este momento, toda la creación gime mientras espera su restauración.
Todo sufrimiento es trágico, incluida la angustia que experimentan los animales, pero es parte de nuestra historia en desarrollo, y nuestra historia aún no ha terminado. Aun así, como a Dios le importa el bienestar de las criaturas que ha creado, a nosotros también nos debería importar. Las Escrituras nos recuerdan que “el justo se preocupa por la vida de su ganado” (Pro 12:10).

Segundo, cualquiera que reflexione con honestidad sobre el complicado proceso neurológico que implica el dolor sabe que este detalle biológico está claramente diseñado. El dolor es una característica de diseño que Dios ha previsto para el bien. El dolor es una señal de advertencia, y sin él, se producirían lesiones graves, incluso la muerte.
Pero ten en cuenta que prácticamente todas las características de diseño pensadas para el bien tienen sus desventajas. Los cuchillos afilados que pelan verduras con eficiencia también cortan los dedos con la misma eficacia. Siempre hay una contrapartida. El dolor que alerta sobre el peligro también causa sufrimiento.

Piensa también que una evaluación reflexiva requiere que cualquier evidencia presentada en contra de Dios se sopese a la luz de la evidencia a favor de Dios. Las quejas como esta contra el teísmo no se pueden evaluar por separado. Piensa, por ejemplo, en estos dos silogismos:
Si Dios existe, entonces no hay sufrimiento gratuito.
Hay sufrimiento gratuito.
Por tanto, Dios no existe.
Y…
Si Dios existe, entonces no hay sufrimiento gratuito.
Dios existe.
Por tanto, no hay sufrimiento gratuito.
Ambos argumentos son válidos, ya que su forma es correcta. Sin embargo, determinar cuál de las dos versiones es sólida depende de cuál de las premisas en conflicto sea correcta. Fíjate que las dos premisas se contradicen entre sí. Así que aquí va nuestra pregunta: ¿cuál de estas dos premisas en conflicto te parece más probable?
Se necesitaría casi omnisciencia para afirmar que no hay una buena razón para que Dios haya creado un mundo que incluyera el sufrimiento. ¿Quién podría saber eso con certeza? Por el contrario, las pruebas de que Dios existe son muchísimas. Claramente, la premisa “Dios existe” es la que tiene más respaldo. Por eso, el segundo argumento es el más creíble, y la acusación de que el sufrimiento es gratuito queda significativamente refutada.
Sin embargo, la última palabra sobre este tema ya está dicha. Se acerca un tiempo en el que lo quebrantado se reparará y “el lobo morará con el cordero” (Is 11:6). Se enjugarán todas las lágrimas. Ya no habrá más muerte, ni luto, ni llanto, ni dolor (Ap 21:4). Todo será nuevo.

Y ese es el final feliz de nuestra historia. Este mundo quebrantado se reparará, sin embargo, eso es posible solo porque Dios mismo se metió en el sufrimiento del mundo para vencerlo. Y eso es precisamente lo que ha hecho en Cristo.
Publicado originalmente en Stand to Reason.