Septiembre 27
Y andaré en libertad, porque busco Tus preceptos (Salmo 119:45)
Un componente esencial del gozo es la libertad. Nadie sería feliz si no fuéramos libres de aquello que aborrecemos y libres para hacer lo que amamos.
¿Dónde encontramos la verdadera libertad? Salmos 119:45 dice: “Y andaré en libertad, porque busco Tus preceptos”.
La imagen que se nos presenta es como de un espacio abierto. La Palabra nos libra de tener una mente estrecha: “Dios dio a Salomón…amplitud de corazón como la arena que está a la orilla del mar” (1 Reyes 4:29); y de un confinamiento amenazante: “Me sacó a un lugar espacioso” (Salmo 18:19).
Jesús dijo: “Conocerán la verdad, y la verdad los hará libres” (Juan 8:32). La libertad a la que se refiere es la libertad de la esclavitud del pecado (Juan 8:34); o dicho en términos positivos, es la libertad para alcanzar la santidad.
Las promesas de la gracia de Dios nos dan el poder que convierte las demandas de la santidad de Dios, en una experiencia de libertad en lugar de miedo y confinamiento. Pedro describió el poder liberador de las promesas de Dios: “Él nos ha concedido Sus preciosas y maravillosas promesas, a fin de que ustedes lleguen a ser partícipes de la naturaleza divina, habiendo escapado de la corrupción que hay en el mundo por causa de los malos deseos” (2 Pedro 1:4).
En otras palabras, cuando confiamos en las promesas de Dios, cortamos la raíz de la corrupción y del deseo pecaminoso por el poder de una promesa superior.
¡Qué crucial es la Palabra que rompe el poder de los placeres falsos! ¡Y qué vigilantes debemos estar para iluminar nuestros caminos y llenar nuestros corazones con la Palabra de Dios!
“Lámpara es a mis pies Tu palabra, y luz para mi camino” (Salmo 119:105). “En mi corazón he atesorado Tu palabra, para no pecar contra ti” (Salmos 119:11).
