Septiembre 15
“porque no tenemos fuerza alguna delante de esta gran multitud que viene contra nosotros, y no sabemos qué hacer; pero nuestros ojos están vueltos hacia ti”. 2 Crónicas 20:12
No se necesita mucho para que veamos nuestra falta de capacidad, en especial si vivimos para Dios y lo servimos. Cuando las circunstancias de la vida nos abruman, nos volvemos dolorosamente conscientes del reto que tenemos por delante y rápidamente podemos sentir aversión hacia él. Nos cansamos de que la gente nos diga lo que podemos hacer cuando sabemos que no podemos, pero, al mismo tiempo, no estamos dispuestos a confesar nuestra debilidad en un mundo que nos llama a ser fuertes y confiados.
Si te encuentras en este dilema, ten ánimo. No estás solo.
Josafat fue un rey inusual de Judá que implementó cambios que ayudaron a que el pueblo redescubriera la ley de Dios (2Cr 19). Él les recordó la importancia de entender y de obedecer la Palabra de Dios para poder servirlo con fidelidad, de todo corazón y con valentía.
Sin embargo, Josafat no era inmune al temor. Cuando sus enemigos amenazaron su nación, fue plenamente consciente de la superioridad de estos y de la incapacidad de su propio pueblo. No obstante, también sabía que la respuesta correcta ante la incapacidad es depender por completo de Dios. Al enfrentarse a la realidad de su falta de fuerza y de su incertidumbre, mantuvo su mirada fija en lo alto y oró: “No sabemos qué hacer; pero nuestros ojos están vueltos hacia Ti”.
Cuando el enemigo nos susurra que somos unos desastres o unos inútiles absolutos, podemos comparar sus mentiras con la verdad de la Palabra de Dios y decir: “Estoy convencido precisamente de esto: que el que comenzó en ustedes la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Cristo Jesús” (Fil 1:6). Cuando sentimos que no tenemos fuerza en nuestra batalla contra la tentación, podemos descansar en la Palabra de Dios y decirnos a nosotros mismos: “Fiel es Dios, que no permitirá que ustedes sean tentados más allá de lo que pueden soportar, sino que con la tentación proveerá también la vía de escape, a fin de que puedan resistirla” (1Co 10:13). Cuando nos preguntamos si hemos sido abandonados, podemos estar seguros de que “Él mismo ha dicho: ‘Nunca te dejaré ni te desampararé’” (Heb 13:5).
Cuando admitimos nuestra debilidad, nuestro poderoso Salvador la utilizará para nuestro bien y para Su gloria. Cuando no sabemos qué hacer, podemos mantener nuestros ojos en Él y pedirle que nos guíe y que nos libre, tal como lo hizo con Josafat y con toda Judá (2Cr 20:14-17, 22-25).
Tal como con los hombres y mujeres que sirvieron al Señor a lo largo de la Biblia, Dios todavía escoge utilizar personas improbables, tímidas o indecisas. Lo que distingue a esos individuos no es su fuerza ni su habilidad ni su autoconfianza, sino que rehúsan a ser consumidos por sus debilidades; más bien, las abrazan y confían en el poder de Dios para vencerlas.
¿Harás tú lo mismo?
Devocional tomado del libro Verdad para Vivir: 365 devocionales diarios
