Cómo combatir la ansiedad

La Biblia no promete ausencia de ansiedad, sino que enseña a luchar contra ella. Luchamos meditando en las promesas de Dios y pidiendo la ayuda de Su Espíritu.
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Septiembre 10

Echando toda su ansiedad sobre Él, porque Él tiene cuidado de ustedes (1 Pedro 5:7).

Salmo 56:3 dice: “El día en que temo, Yo en ti confío”.

Nota que no dice: “Nunca tengo temor”. El temor golpea y la batalla empieza. La Biblia no supone que los verdaderos creyentes no tendrán ansiedad. Más bien, la Biblia enseña a luchar contra ella cuando golpea.

Por ejemplo, 1 Pedro 5:7 dice: “Echando toda su ansiedad sobre Él, porque Él tiene cuidado de ustedes”. No dice que nunca tendrás ansiedad; por el contrario, dice que, cuando la tengas, la eches sobre Dios. Cuando el lodo te salpique en el parabrisas, y pierdas de vista temporalmente el camino, y empieces a desviarte en ansiedad, enciende el limpiaparabrisas y usa el líquido limpiador.

Así que esta es mi respuesta a aquellos que luchan día a día contra la ansiedad: eso es más o menos normal. Al menos para mí lo es, y así lo ha sido desde mis años de adolescencia. La cuestión es la siguiente: ¿cómo luchar contra ella?

La respuesta a esa pregunta es: luchamos contra la ansiedad al batallar contra la incredulidad y por la fe en la gracia futura. La manera cómo se pelea esta “buena batalla” (1 Timoteo 6:12; 2 Timoteo 4:7), es meditando en las garantías que Dios nos da acerca de la gracia venidera y pidiendo ayuda a Su Espíritu.

El limpiaparabrisas es la suma de las promesas de Dios que limpian el lodo de la incredulidad, y el líquido limpiador es la ayuda del Espíritu Santo. La batalla para ser libre del pecado, incluyendo el pecado de ansiedad, se pelea “mediante la santificación por el Espíritu y la fe en la verdad” (2 Tesalonicenses 2:13).

La obra del Espíritu y la Palabra de verdad: esos son los grandes edificadores de la fe. Sin la obra ablandadora del Espíritu Santo, los limpiaparabrisas de la Palabra tan solo arañarían por encima los enceguecedores terrones de lodo de la incredulidad.

Ambos son necesarios: el Espíritu y la Palabra. Leemos las promesas de Dios y oramos pidiendo la ayuda de Su Espíritu. Y a medida que el parabrisas se limpia para permitirnos ver el bien que Dios tiene planeado para nosotros (Jeremías 29:11), nuestra fe se fortalece y el camino que la ansiedad ha torcido se endereza.


Devocional tomado del libro Future Grace, página 56.

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John Piper

John Piper

John Piper (@JohnPiper) es fundador y maestro de desiringGod.org y ministro del Colegio y Seminario Belén. Durante 33 años, trabajó como pastor de la Iglesia Bautista Belén en Minneapolis, Minnesota. Es autor de más de 50 libros.

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