¿Está mal querer tener éxito? No necesariamente. El éxito puede ser algo bueno, si se logra de manera piadosa. Si no es así, es idolatría apenas disimulada, lo cual siempre es un fracaso, sin importar cuánto nos elogien.
El éxito se mide de otra manera ante los ojos de Dios. Sin duda, lo que Él más valora no es lo que la gente llama éxito, sino lo que Dios mismo llama fidelidad: “Ahora bien, lo que se requiere además de los administradores es que cada uno sea hallado fiel” (1Co 4:2).
Podría haber dicho que “debemos demostrar ser exitosos”, pero no lo hizo. Dijo que debemos demostrar ser fieles.

Todos tenemos un control limitado sobre nuestro éxito. He escrito 68 libros, pero nunca he tenido el poder de convertirlos en éxitos de ventas. Algunos lo son, y otros no lo son ni lo serán jamás. Algunos están agotados y nunca volverán a estar disponibles. Lo que sí pude controlar fue mi trabajo duro, mi investigación diligente, mis esfuerzos honestos y mis oraciones para que Dios los usara como Él lo considerara mejor. Eso se aplica tanto a los libros sobre los que rara vez recibo cartas y que están fuera de publicación como a los éxitos de ventas.

Conozco a muchos escritores, algunos de los cuales tienen un éxito enorme. Pero la mayoría nunca está satisfecha. Si tu libro vende diez mil ejemplares, te gustaría que fueran cien mil.
Si vendes un millón, quieres que sean diez millones. Si tu libro llega a la lista de bestsellers, te gustaría que fuera el número uno; si llega a ser el número uno, quieres que se quede ahí. Si conseguimos lo que deseamos, en lugar de estar felices, por lo general deseamos más.

Pero si nuestro objetivo es agradarle a Dios, nuestro deseo de éxito tiene una base sólida. Jesús lo expresó así en Su parábola: “Su señor le dijo: ‘Bien, siervo bueno y fiel; en lo poco fuiste fiel, sobre mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor’” (Mt 25:23).
Ojalá nos esforcemos por que nos encuentren fieles en lo que Dios nos ha encomendado. Al hacerlo, experimentaremos el gozo de nuestro Señor tanto en los momentos divertidos como en los que no lo son tanto.

J. R. Miller escribió: “Cristo está construyendo Su reino con las cosas quebrantadas de la tierra. Los hombres solo quieren a los fuertes, a los exitosos, a los victoriosos, a los que no están quebrantados, para construir sus reinos; pero Dios es el Dios de los que no tienen éxito, de los que han fracasado… Él puede elevar el fracaso más triste de la tierra hasta la gloria del cielo”.
Sin importar si tenemos éxito a los ojos del mundo, y sin importar a quién le agrade o no, busquemos agradarle al Único Espectador, cuya “opinión” es la verdad y es, en última instancia, la única que importa.
Publicado originalmente en Eternal Perspective Ministries.