Septiembre 5
Padre, quiero que los que me has dado, estén también conmigo donde Yo estoy, para que vean Mi gloria (Juan 17:24).
Los creyentes en Jesús son hermosos para Dios (¡somos Su esposa!), y Él nos ama tanto que no permitirá que nuestra hermosura se convierta en nuestro dios.
Dios en verdad hace mucho en nosotros (nos adoptó), pero lo hace de modo que miremos fuera de nosotros mismos y podamos deleitarnos en Su grandeza.
Examínate. Si Jesús viniera a pasar el día contigo, se sentara junto a ti en el sofá y te dijera: “En verdad te amo”, ¿en qué te enfocarías por el resto del día que pasarían juntos?
Creo que hay demasiadas canciones y sermones que nos dan una respuesta errónea. Nos dejan con la impresión de que alcanzaríamos las mayores alturas de gozo por el recurrente sentimiento de que somos amados. “¡Él me ama! ¡Él me ama!”. Ciertamente, esto es causa de gozo, pero no hallamos en eso ni las mayores alturas ni el enfoque correcto.
¿Qué queremos decir con la frase “soy amado”? ¿A qué nos referimos? ¿Qué significa “ser amado”?
Creo que hallaríamos el más grande de los gozos y el que más exalta a Cristo, al contemplarlo todo el día y estallar en exclamaciones como: “¡Cuán grande eres! ¡Cuán asombroso!”.
- Él responde hasta la pregunta más difícil, y Su sabiduría es asombrosa.
- Él toca a una llaga repugnante y supurante, y Su compasión es asombrosa.
- Él resucita a una mujer muerta en un consultorio médico, y Su poder es asombroso.
- Él predice lo que sucederá en las próximas horas, y Su conocimiento anticipado es asombroso.
- Él duerme durante un terremoto, y Su valentía es asombrosa.
- Él dice: “Antes que Abraham naciera, Yo soy” (Juan 8:58), y Sus palabras son asombrosas.
Paseamos con Él toda la tarde, profundamente maravillados de lo que nuestros ojos ven.
¿Acaso no consiste Su amor en Su deseo de hacer por nosotros todo lo que sea necesario hacer (incluso morir por nosotros) para que podamos maravillarnos en Él sin ser incinerados por Él? La redención, la propiciación, el perdón, la justificación, la reconciliación, todo eso tenía que suceder. Todos esos actos constituyen la obra del amor.
Sin embargo, la meta del amor que hace que todas esas sean obras del amor, es que estemos en Él y que quedemos boquiabiertos al ver una gloria tan grande que nos deja atónitos. En esos momentos nos olvidamos de nosotros mismos mientras vemos y saboreamos todo lo que Dios es para nosotros en Él.
Por eso, ruego a los pastores y maestros: empujen a las personas, mediante las obras del amor de Cristo, a la meta de Su amor. Si la redención, la propiciación, el perdón, la justificación y la reconciliación no nos llevan a deleitarnos en Jesús mismo, no son obras del amor.
Insistan en esto. Es lo que Jesús pidió en Juan 17:24: “Padre, quiero que los que me has dado, estén también conmigo donde Yo estoy, para que vean Mi gloria”.
Devocional tomado del artículo “Why Are You Thrilled to Be Loved by Jesus?”.
