Septiembre 3
“Sin muros será habitada Jerusalén, a causa de la multitud de hombres y de ganados dentro de ella. Porque Yo seré para ella”, declara el Señor, “una muralla de fuego en derredor, y gloria seré en medio de ella” (Zacarías 2:4-5).
Algunas mañanas me despierto sintiéndome frágil, vulnerable. Con frecuencia, esto es un sentimiento que solo viene. No hay amenaza ni debilidad alguna. Solo un sentido no claro de que algo saldrá mal y de que seré responsable por ello.
Suele pasarme luego de recibir muchas críticas, o cuando tengo muchas expectativas con plazos definidos y que parecen demasiado grandes y numerosas.
Cuando miro hacia atrás y traigo a memoria alrededor de cincuenta años de estas mañanas recurrentes, me sorprende ver cómo el Señor Jesús ha guardado mi vida y ministerio. La tentación de escapar del estrés nunca ganó, o al menos no hasta ahora. Esto es increíble. Alabo a mi gran Dios por ello.
En lugar de dejar que me hundiera en la parálisis del miedo o que corriera hacia un espejismo de pastos más verdes, Él despertó en mí un clamor pidiendo auxilio y después respondió con una promesa concreta.
He aquí un ejemplo reciente. Una mañana me desperté sintiéndome frágil emocionalmente. Débil. Vulnerable. Oré: “Señor, ayúdame. Ni siquiera estoy seguro de cómo orar”.
Una hora más tarde estaba leyendo Zacarías, en busca de la ayuda por la que había orado. La ayuda llegó:
“Sin muros será habitada Jerusalén, a causa de la multitud de hombres y de ganados dentro de ella. Porque Yo seré para ella”, declara el Señor, “una muralla de fuego en derredor, y gloria seré en medio de ella” (Zacarías 2:4-5)
Habrá tanta prosperidad y crecimiento para el pueblo de Dios, que Jerusalén no podrá contenerlos dentro de sus muros. “La multitud de hombres y de ganados” será tan numerosa que Jerusalén será como muchos pueblos esparcidos en una tierra sin murallas.
La prosperidad es buena, pero ¿qué hay de la protección?
A esto Dios responde en Zacarías 2:5: “‘Yo seré para ella’, declara el Señor, ‘una muralla de fuego en derredor’”. Sí, así es. Esa es la promesa, el “Yo seré” de Dios. Eso es lo que necesito.
Y si eso es cierto para las aldeas vulnerables de Jerusalén, también es cierto para mí como hijo de Dios. Así es como aplico las promesas del Antiguo Testamento al pueblo de Dios. Todas las promesas son sí para mí en Cristo (2 Corintios 1:20). Hay un “cuánto más” después de cada promesa para quienes están en Cristo. Dios será “una muralla de fuego en derredor”. Sí. Lo será. Lo ha sido. Y lo seguirá siendo.
Y se pone aún mejor. Dentro de los límites de esa abrasadora muralla de protección, Él dice: “Gloria seré en medio de ella”. Dios nunca se contenta con darnos la protección de Su fuego; Él desea darnos el deleite de Su presencia. Amo los “Yo seré” de Dios.
Devocional tomado del artículo “What to Do If You Wake Up Feeling Fragile”.
