Agosto 18
El que desea la vida, amar y ver días buenos… Apártese del mal y haga el bien (1 Pedro 3:10-11).
Hay solo una razón básica por la cual desobedecemos los mandamientos de Jesús: es porque no tenemos la confianza sincera de que obedecer traerá más bendiciones que desobedecer. No confiamos plenamente en la promesa de Dios.
¿Qué prometió Dios? Pedro lo enseña al compartir la enseñanza de Jesús:
No devolviendo mal por mal, o insulto por insulto, sino más bien bendiciendo, porque fueron llamados con el propósito de heredar bendición. Porque, “el que desea la vida, amar y ver días buenos… Apártese del mal y haga el bien” (1 Pedro 3:9-11).
Pedro, siguiendo a Jesús, no se avergüenza de motivar la obediencia a mandatos difíciles, como no devolver mal por mal, con la promesa de un mayor gozo. “No devolviendo mal por mal… sino más bien bendiciendo… con el propósito de heredar bendición”. ¿Quieres disfrutar de la vida eterna? ¡Apártate del mal! ¡Te espera un gozo eterno! ¿No es esa recompensa suficiente para evitar los placeres de la venganza ahora?
Siempre estarás mejor al obedecer que al desobedecer, incluso si obedecer te cuesta la vida:
En verdad les digo, que no hay nadie que haya dejado casa, o hermanos, o hermanas, o madre, o padre, o hijos o tierras por causa de Mí y por causa del evangelio, que no reciba cien veces más ahora en este tiempo… junto con persecuciones; y en el siglo venidero, la vida eterna (Marcos 10:29-30).
La única forma de obtener el poder necesario para seguir a Cristo en el costoso camino del amor es estar lleno de esperanza, y con la plena confianza de que, si perdemos nuestra vida haciendo Su voluntad, la volveremos a encontrar y seremos recompensados abundantemente.
