Agosto 16
Hazme oír gozo y alegría, haz que se regocijen los huesos que has quebrantado… Restitúyeme el gozo de Tu salvación, y sostenme con un espíritu de poder (Salmo 51:8, 12).
¿Por qué David no clama por moderación sexual? ¿Por qué no ora para que los hombres lo obliguen a rendir cuentas? ¿Por qué no ora por ojos protegidos y pensamientos libres de sexo? En este salmo de confesión y arrepentimiento tras prácticamente violar a Betsabé, se esperaría que David pidiera algo así.
La razón es porque él sabe que el pecado sexual es un síntoma y no la enfermedad.
Las personas ceden al pecado sexual porque no tienen la plenitud de gozo y alegría en Cristo. Su espíritu no es firme ni estable. Vacilan. Son seducidas y ceden porque Dios no ocupa el lugar supremo en sus sentimientos y pensamientos como debería.
David sabía esto acerca de sí mismo. Y esto es verdad acerca de nosotros también. David nos muestra, por la manera en que ora, cuál es la verdadera necesidad de aquellos que caen en pecado sexual: ¡Dios! Gozo en Dios.
Esto es sabiduría profunda para nosotros.
Devocional tomado del sermón “A Broken and Contrite Heart God Will Not Despise”.
