Agosto 9
Entonces mucho más, habiendo sido ahora justificados por Su sangre, seremos salvos de la ira de Dios por medio de Él. Porque si cuando éramos enemigos fuimos reconciliados con Dios por la muerte de Su Hijo, mucho más, habiendo sido reconciliados, seremos salvos por Su vida. Y no solo esto, sino que también nos gloriamos en Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo, por quien ahora hemos recibido la reconciliación (Romanos 5:9-11).
¿De qué necesitamos ser salvos? El versículo 9 lo expone claramente: de la ira de Dios. “Porque si cuando éramos enemigos fuimos reconciliados con Dios por la muerte de Su Hijo, mucho más, habiendo sido reconciliados, seremos salvos por Su vida”. Pero ¿es ese el mejor, más importante, más pleno y más satisfactorio de los premios del evangelio?
No lo es. El versículo 10 dice: “…mucho más… seremos salvos por Su vida”. Después el versículo 11 nos conduce a la finalidad de ser salvos, al afirmar: “Y no solo esto, sino que también nos gloriamos en Dios”.
Esa es el mejor y más importante beneficio de las buenas noticias. No hay ningún otro “sino que” después, solo la aclaración de Pablo acerca de cómo lo alcanzamos: “…por medio de nuestro Señor Jesucristo, por quien ahora hemos recibido la reconciliación”.
El propósito del evangelio es que “nos gloriamos en Dios”. El bien más alto, más completo, más profundo y más dulce del evangelio, es Dios mismo, en quien se regocija Su pueblo redimido.
Dios en Cristo se convirtió en el precio (Romanos 5:6-8), y Dios en Cristo se convirtió también en el premio (Romanos 5:11).
El evangelio consiste en las buenas noticias de que Dios pagó por nuestro deleite eterno en Dios.
Devocional tomado del sermón“God in Christ: The Price and the Prize of the Gospel”.
