Julio 25
Sean de espíritu sobrio, estén alerta. Su adversario, el diablo, anda al acecho como león rugiente, buscando a quien devorar. Pero resístanlo firmes en la fe, sabiendo que las mismas experiencias de sufrimiento se van cumpliendo en sus hermanos en todo el mundo (1 Pedro 5:8-9).
Los dos grandes enemigos de nuestras almas son el pecado y Satanás. Y el pecado es el peor enemigo, porque la única manera en que Satanás puede destruirnos es incitándonos a pecar e impidiéndonos arrepentirnos. Lo único que nos condena es el pecado no perdonado. No Satanás.
Dios le puede dar permiso a Satanás para molestarnos, como lo hizo con Job, o hasta matarnos, como lo hizo con los santos de Esmirna (Apocalipsis 2:10); pero Satanás no puede condenarnos ni robarnos la vida eterna. La única manera en que puede hacernos el mayor daño posible es incitándonos a pecar y evitando que nos arrepintamos. Que es precisamente lo que pretende hacer.
Por tanto, el trabajo principal de Satanás es defender, promover, asistir, excitar y confirmar nuestra inclinación al pecado. Y alejarnos de la fe y el arrepentimiento.
Lo vemos en Efesios 2:1-2: “Estaban muertos en sus delitos y pecados, en los cuales anduvieron en otro tiempo… conforme al príncipe de la potestad del aire”. Pecar es “conformarse” al poder de Satanás en el mundo. Cuando él trae maldad moral, lo hace por medio del pecado. Cuando pecamos, nos movemos en su esfera y estamos en sintonía con él. Cuando pecamos, damos “oportunidad al diablo” (Efesios 4:27).
Lo único que nos condenará en el día del juicio será el pecado no perdonado, no las enfermedades, ni las aflicciones, ni las persecuciones, ni las intimidaciones, ni las apariciones, ni las pesadillas. Satanás lo sabe. Por eso, centra su atención principalmente no en cómo asustar a cristianos con fenómenos extraños (aunque hay mucho de eso), sino más bien en cómo corromper cristianos con modas pasajeras inútiles y pensamientos de maldad.
Satanás quiere agarrarnos en los momentos en que nuestra fe no esté firme, cuando esté vulnerable. Tiene sentido entonces que lo que Satanás intente destruir sean nuestros medios para resistir sus iniciativas. Por eso Pedro dice: “Resístanlo firmes en la fe” (1 Pedro 5:9). Por eso, también Pablo dice que “el escudo de la fe” puede “apagar todos los dardos encendidos del maligno” (Efesios 6:16).
La forma de frustrar al diablo es fortaleciendo eso mismo que él más busca destruir: nuestra fe.
