Julio 19
Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para hallar gracia para el tiempo oportuno (Hebreos 4:16, mi traducción literal).
Sé que este precioso versículo suele traducirse así: “Acerquémonos con confianza al trono de la gracia para que recibamos misericordia, y hallemos gracia para la ayuda oportuna”. Pero incluí una paráfrasis, una que es verdadera, para mostrar que Dios aparece justo cuando lo necesitamos. Pero el enfoque literal se centra en la oportunidad de la ayuda.
La oración es la forma de fe que nos conecta hoy con la gracia que nos hará aptos para llevar a cabo el ministerio de mañana. El momento oportuno lo es todo.
¿Qué pasaría si la gracia llegara muy temprano o muy tarde? La traducción tradicional de Hebreos 4:16 esconde una promesa preciosa relacionada a esa pregunta. Necesitamos una traducción más literal para verla. La promesa no es solamente que encontremos gracia “para la ayuda oportuna”, sino que la gracia llega en el tiempo oportuno de Dios.
Su tiempo es perfecto, pero raramente coinciden con el nuestro: “Porque mil años ante Tus ojos son como el día de ayer que ya pasó” (Salmos 90:4). A nivel mundial, Él fija los tiempos para el auge y la caída de las naciones (Hechos 17:26). Y, a nivel personal, Salmo 31:15 dice: “En Tu mano están mis años”.
Cuando nos preguntamos por el tiempo oportuno de la gracia venidera, debemos pensar en el “trono de la gracia”. Nada puede estorbar el plan de Dios de enviarnos gracia en el momento en que es mejor para nosotros. La gracia venidera es siempre oportuna.
