Julio 20
Vuélvete hacia mí, y tenme piedad; da Tu poder a Tu siervo, y salva al hijo de Tu sierva (Salmo 86:16).
La gracia venidera es la súplica constante de los salmistas. Oran por ella una y otra vez para satisfacer cada necesidad. Nos dan un hermoso ejemplo de dependencia diaria de la gracia venidera para cada exigencia.
Los salmistas claman por gracia…
- cuando necesitan ayuda: “Escucha, oh Señor, y ten piedad de mí; oh Señor, sé Tú mi socorro” (Salmo 30:10);
- cuando están débiles: “Vuélvete hacia mí, y tenme piedad; da Tu poder a Tu siervo, y salva al hijo de Tu sierva” (Salmo 86:16);
- cuando necesitan sanidad: “Ten piedad de mí, Señor, pues languidezco… sáname, Señor” (Salmos 6:2);
- cuando son afligidos por sus enemigos: “Oh Señor, ten piedad de mí; mira mi aflicción por causa de los que me aborrecen” (Salmo 9:13);
- cuando se sienten solos: “Vuélvete a mí y tenme piedad, porque estoy solitario y afligido” (Salmo 25:16);
- cuando están tristes: “Ten piedad de mí, oh Señor, porque estoy en angustia; se consumen de sufrir mis ojos” (Salmo 31:9);
- cuando han pecado: “Oh Señor, ten piedad de mí; sana mi alma, porque contra Ti he pecado” (Salmo 41:4);
- cuando anhelan que el nombre de Dios sea exaltado entre las naciones: “Dios tenga piedad de nosotros y nos bendiga… para que sea conocido en la tierra Tu camino…” (Salmo 67:1-2).
Sin lugar a duda, la oración es el gran vínculo de fe entre el alma de cada santo y la promesa de la gracia venidera. Si el propósito de Dios para el ministerio es que se sostenga por la oración, entonces el ministerio debe sostenerse por la fe en la gracia venidera.
