Julio 13
“Dios [nos] dio vida juntamente con Cristo, habiéndonos perdonado todos los delitos, habiendo cancelado el documento de deuda que consistía en decretos contra nosotros y que nos era adverso, y lo ha quitado de en medio, clavándolo en la cruz”. Colosenses 2:13-14
¿Por qué vino Jesucristo a la tierra, murió en una cruz y resucitó de entre los muertos? Para otorgar redención eterna y adopción divina a todo aquel que cree. Es una realidad que ninguna otra religión puede afirmar: Dios mismo pagó la deuda del pecado humano para que podamos ser llamados Sus hijos. La escritora de himnos Fanny Crosby expresa el asombro de este pago:
Inmensa la obra de Cristo en la cruz,
Enorme la culpa se ve por Su luz.
Al mundo Él vino, nos iluminó
Y por nuestras culpas el Justo murió.¹
Nuestro encuentro con la redención de Cristo es como la historia de la “anciana Betty”, una mujer mayor que vivía en pobreza por causa de una gran deuda financiera. Un día, un ministro cristiano y su generosa congregación decidieron intervenir en la vida de Betty y saldar la deuda. El ministro la buscó en su casa; pero, temerosa de ser arrestada, ignoró los primeros llamados a la puerta. Cuando finalmente el ministro pudo decirle las buenas noticias, ella lo miró y le dijo: “Imagínese: Yo cerré la puerta con llave y la atranqué contra usted. Yo tenía miedo de dejarlo entrar y, sin embargo, aquí está usted, con un regalo tan generoso”. En algún punto de la vida, todos hemos sido como la anciana Betty. En algún momento, nos dimos cuenta de que teníamos una deuda por el pecado. Estábamos cargados con remordimiento, temerosos de que alguien llegara a tocar nuestra puerta, listos para revelar nuestros problemas a otros. Peor aún, estábamos temerosos de Dios, porque el llamado de Su mano a la puerta de nuestra vida seguramente podría significar juicio. En cambio, descubrimos que, en Cristo, Dios no llama a nuestra puerta para darnos lo que nuestra deuda merece, sino lo que Su amor ha ganado para nosotros: un reinicio, un borrón y cuenta nueva, una historia diferente. Nuestra deuda fue cancelada y podemos abrir la puerta de nuestra vida con gozo y darle la bienvenida como nuestro Salvador, Amigo y Señor.
Ser cristiano es vivir consciente de esta deuda pagada. Ya no somos esclavos del pecado ni de su castigo; más bien, hemos sido liberados y adoptados como hijos de Dios. Y, ahora, nuestra adopción como hijos es la razón de nuestro gran privilegio de llamar a Dios nuestro Padre celestial y de conocerlo íntimamente. Ya no nos escondemos detrás de un cerrojo, ni nos aferramos a nuestras deudas, porque hemos probado la libertad que llamó a la puerta y que hemos dado acceso a nuestra vida.
¡Qué descanso es saber que nuestra deuda ha sido cancelada! ¡Qué gozo es saber que nuestro estatus delante del Dios vivo ha sido transformado, de deudores a hijos adoptados! Ahora, ¿cómo permitirás que estas verdades cambien como te ves a ti mismo y las tareas que tienes delante de ti hoy?
¹ Fanny Crosby, trad. R. C. Savage, “Alabad al gran Rey” (1875).
Devocional tomado del libro Verdad para Vivir: 365 devocionales diarios
