Junio 26
No teman, porque Dios ha venido para ponerlos a prueba, y para que Su temor permanezca en ustedes, y para que no pequen (Éxodo 20:20).
Hay un tipo de temor que es esclavizador y que nos aleja de Dios, y hay otro tipo de temor que es dulce y nos acerca a Dios. Moisés advirtió acerca del primero e hizo un llamado a tener el otro en el mismo versículo, Éxodo 20:20: “Moisés respondió al pueblo: ‘No teman, porque Dios ha venido para ponerlos a prueba, y para que Su temor permanezca en ustedes, y para que no pequen’”.
La ilustración más clara que he visto de este tipo de temor fue la vez que uno de mis hijos miró a un pastor alemán a los ojos. Estábamos visitando a una familia de nuestra iglesia. Mi hijo Karsten tendría unos siete años. Esta familia tenía un perro enorme que se quedó mirando cara a cara con un niño de siete años.
El perro era amigable y a Karsten no le costó hacerse amigo. Pero cuando mandamos a Karsten a buscar algo que habíamos olvidado en el auto, él comenzó a correr y el perro lo persiguió gruñendo con tono grave. Por supuesto, Karsten se asustó; pero el dueño le dijo: “Karsten, ¿por qué mejor no caminas? Al perro no le gusta que la gente corra huyendo de él”.
Cuando Karsten abrazaba al perro, este era amigable y hasta le lamía la cara. Pero cuando corría lejos del perro, este le gruñía y Karsten se asustaba.
Esa es una ilustración de lo que significa temer al Señor. Dios dispone que Su poder y santidad enciendan Su temor en nosotros, no para que nos alejemos de Él, sino para que nos acerquemos a Él. Temer a Dios significa, en primer lugar, temer abandonarlo como nuestra gran seguridad y satisfacción.
O, dicho de otra manera, debemos temer la incredulidad. No temer el confiar en la bondad de Dios. ¿No es ese el mensaje de Romanos 11:20? “Por la fe te mantienes firme. No seas altanero, sino teme”. Es decir, lo que debemos temer es no creer, no tener fe. Temer huir de Dios. Pero si caminamos con Él y nos abrazamos a Su cuello, Él será nuestro amigo y protector para siempre.
