Junio 17
Pero a este miraré: al que es humilde y contrito de espíritu, y que tiembla ante Mi palabra (Isaías 66:2).
La primera marca de un corazón recto es que tiembla ante la Palabra del Señor.
Isaías 66 lidia con el problema de que algunas personas adoran a Dios de una manera que a Él le agrada y que otras lo adoran de una manera que no le agrada. Isaías 66:3 describe al malo que le presenta sacrificios: “El que mata un buey es como el que mata a un hombre”. Sus sacrificios son abominación a Dios, y son comparados con un asesinato. ¿Por qué?
En Isaías 66:4 Dios explica: “Porque llamé, pero nadie respondió, hablé, pero no escucharon”. Estos sacrificios eran abominación a Dios porque el pueblo no escuchaba Su voz. Pero ¿qué hay de aquellos cuyas oraciones Dios sí escuchaba? Dios dice en Isaías 66:2: “Pero a éste miraré: al que es humilde y contrito de espíritu, y que tiembla ante Mi palabra”.
De lo anterior deduzco que la primera marca de los justos, cuyas oraciones son una delicia para Dios, es que tiemblan ante la Palabra de Dios. Esas son las personas a quienes el Señor mirará.
Por tanto, la oración del recto que agrada a Dios viene de un corazón que en un principio se siente frágil en la presencia de Dios. Tiembla al oír la Palabra de Dios, porque se siente tan lejos del ideal de Dios, tan vulnerable a Su juicio, tan indefenso y arrepentido por sus fallas.
Eso es justamente lo que dijo David en Salmo 51:17: “Los sacrificios de Dios son el espíritu contrito; al corazón contrito y humillado, oh Dios, no despreciarás”. Lo primero que hace que una oración sea aceptable delante de Dios, es el quebranto y la humillación de la persona que ora. Así que: tiembla ante Su palabra.
Devocional tomado del libro The Pleasures of God, páginas 201–202.
