Junio 14
El Señor de nuevo se deleitará en ti para bien (Deuteronomio 30:9).
Dios no nos bendice a regañadientes. En cierto modo, está ansioso por mostrarnos Su benevolencia. No espera a que vayamos a Él, sino que nos busca, porque se deleita en hacernos bien. Dios no nos está esperando, nos está persiguiendo. De hecho, esa es la traducción literal de Salmos 23:6: “Ciertamente el bien y la misericordia me seguirán todos los días de mi vida”.
Dios ama mostrar misericordia. Permíteme repetirlo: Dios ama mostrar misericordia. Él no es dubitativo, ni indeciso, ni vacilante en el deseo de bendecir a Su pueblo. Su ira solo se libera abriendo un candado pesado y duro, pero Su misericordia es como un gatillo sensible. A eso se refería cuando le dijo a Moisés en el monte Sinaí: “El Señor, el Señor, Dios compasivo y clemente, lento para la ira y abundante en misericordia y verdad” (Éxodo 34:6). Y también lo que quiso decir en Jeremías 9:24: “Yo soy el Señor que hago misericordia, derecho y justicia en la tierra, porque en estas cosas me complazco”.
Dios nunca está irritable ni con los nervios a flor de piel. Su ira nunca se enciende rápidamente. Por el contrario, Él es infinitamente vigoroso y tiene un entusiasmo ilimitado en el cumplimiento de Su deleite.
Esto nos resulta difícil de comprender porque nosotros necesitamos dormir todos los días para poder lidiar con los problemas, ni hablar de progresar. Nuestras emociones son un sube y baja constante. Un día estamos aburridos y desanimados; al otro día estamos optimistas y alegres.
Somos como pequeños géiseres que borbotean y explotan de manera impredecible. Pero Dios es como un gran Niágara. Observas 186.000 toneladas de agua cayendo al precipicio cada minuto y piensas: ciertamente es imposible que continúe con tanta fuerza año, tras año, tras año. Pero lo hace.
Así es Dios al hacernos el bien. Nunca se cansa. Nunca se aburre. El Niágara de Su gracia no tiene fin.
Devocional tomado del libro The Pleasures of God, páginas 172–174.
