Todos reconocemos las señales inequívocas de unas elecciones inminentes: vallas publicitarias con los candidatos y sus lemas, debates y videos que inundan las redes sociales, y conversaciones que giran en torno a la política.
Puede ser que este tema te interese porque disfrutas estudiar sociología, historia y política. O quizás te aburre y piensas: “¿Qué sentido tiene todo esto? Todos los políticos son iguales”. Tal vez incluso te abruma; sientes que no entiendes nada y no sabes qué hacer.
Cualquiera que sea tu reacción, existen principios fundamentales basados en las Escrituras que todos deberíamos tener presentes antes de ir a las urnas.
El reino de Dios está por encima de cualquier reino terrenal
Antes que nada, es necesario poner todo en perspectiva. Cuando Jesucristo vino al mundo, el pueblo de Israel aguardaba un rey político que los liberara del yugo romano. Fue precisamente por eso que Herodes el Grande, temiendo perder su poder, ordenó la matanza de todos los niños en Belén (Mt 2:16). Sin embargo, Jesús no vino a resolver un conflicto político, sino a enfrentar un problema infinitamente más profundo: el pecado. No vino a derrotar a un enemigo terrenal, sino a vencer a la muerte misma. Así lo expresó ante Pilato, cuando este le preguntó si era el Rey de los judíos: “Mi reino no es de este mundo. Si Mi reino fuera de este mundo, entonces Mis servidores pelearían para que Yo no fuera entregado a los judíos. Pero ahora Mi reino no es de aquí” (Jn 18:36). Cristo pudo haber derrotado al gobernante romano y establecido Su reino terrenal en ese mismo momento, pero no lo hizo, porque Su visión trasciende ampliamente la nuestra.
La expansión del reino de Dios siempre debe estar por encima de cualquier acción política que emprendamos. Ante todo, nuestro enfoque debe ser guiar a las personas hacia Jesús, y no hacia un candidato o partido político en particular. Sus almas son más importantes que sus votos.

Honramos a Dios y a nuestro prójimo al ser ciudadanos responsables
Ya que hemos establecido que el reino de Dios está por encima de cualquier gobierno terrenal o partido político. Ahora es importante recordar que, durante su ministerio en la tierra, Jesús sanó a muchos enfermos y mostró una profunda preocupación por sus necesidades físicas. Él mismo declaró que no vino para ser servido, sino para servir (Mr 10:45).
Por eso, también estamos llamados a preocuparnos por el bienestar de nuestro prójimo. Dios nos llama a ser sal y luz en medio de un mundo en tinieblas (Mt 5:13-16), y a procurar la justicia mientras defendemos al oprimido (Is 1:17).
Una manera de cumplir estos mandatos es tomando en serio nuestra responsabilidad cívica. Votar por líderes sanos y sabios no solo nos beneficia a nosotros, sino también a nuestras familias y nuestro prójimo. Quizás la política no nos agrade, pero lo cierto es que afecta la vida de muchas personas. En lugar de adoptar una actitud escapista o indiferente, ¿por qué no llevar la luz de Jesús a un ámbito que tanto la necesita?
Sí, es cierto que nuestra ciudadanía definitiva está en los cielos, pero eso no significa que debamos abandonar nuestra responsabilidad aquí en la tierra (Jer 27:9).

Busca un candidato que refleje los valores de Dios con sus acciones, no solo con sus palabras
En el famoso Sermón del Monte, Jesús advierte: “Cuídense de los falsos profetas, que vienen a ustedes con vestidos de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces” (Mt 7:15).
Este pasaje de los Evangelios sigue siendo profundamente actual. Hoy, al igual que entonces, existen personas que se presentan con apariencia de piedad, pero sus acciones se apartan de los mandatos de Cristo, dejando al descubierto su verdadera naturaleza.
Tristemente, algunos políticos reconocen la influencia de la iglesia y el peso del voto cristiano, y lo aprovechan en beneficio propio. Se visten con “ropas de oveja” mediante discursos que aparentan alinearse con los valores cristianos; sin embargo, su carácter, decisiones y acciones revelan que, en el fondo, actúan como lobos rapaces.

Recientemente, en el grupo de mujeres de nuestra iglesia, reflexionábamos sobre otra forma de violar el tercer mandamiento: no usar el nombre del Señor en vano. Esta consiste en valerse del nombre de Dios para manipular a otros y obtener poder o beneficio personal. En Mateo 15, Jesús confronta a los fariseos al citar al profeta Isaías: “Este pueblo con los labios me honra, pero su corazón está muy lejos de Mí”.
Mientras reflexionas sobre por quién votar, ora al Señor para que te conceda discernimiento, y observa con atención las decisiones de los candidatos, no solo sus discursos.

Exprésate con gracia y verdad
Jesús vino al mundo lleno de gracia y verdad (Jn 1:14), y así es como debemos comportarnos los creyentes, incluso cuando hablamos de política. Este tema suele despertar emociones fuertes como ira, tristeza o frustración. Aun así, nunca debemos olvidar los dos mandamientos más importantes: amar al Señor con todo nuestro ser y amar a nuestro prójimo como a nosotros mismos (Mt 22:36-40).
Aunque alguien tenga una postura política completamente opuesta a la tuya, estás llamado a amarlo y tratarlo con respeto. No es malo hablar de política ni compartir tu perspectiva (de hecho, es necesario para una sociedad sana), pero debemos hacerlo siempre con gracia, y con verdad. Recuerda que los hermanos en Cristo que piensan diferente a ti siguen siendo tus hermanos en Cristo.
Juan 13:35 declara: “En esto conocerán todos que son Mis discípulos, si se tienen amor los unos a los otros”. Amar de esta manera es también una forma de reverenciar el nombre de Dios y de representarlo dignamente al reflejar Su carácter en nuestra conducta. Por encima de cualquier partido o diferencia política, todos los que seguimos a Cristo formamos parte de una misma familia espiritual.

Ten gracia contigo mismo
No puedes saberlo todo. Especialmente para los votantes jóvenes, puede resultar abrumador intentar comprender décadas de compleja historia política para tomar una decisión verdaderamente informada. Tampoco nos es posible conocer por completo los pensamientos, las intenciones ni las realidades del corazón de los candidatos. Procura ser fiel en el proceso. busca información confiable, ora pidiendo discernimiento y consulta a personas sabias y maduras. Al final, toma tu decisión en armonía con tu conciencia y con aquello que Dios haya puesto delante de ti. Recuerda las palabras del Salmo 103:14: “[Dios] se acuerda de que solo somos polvo”. Él conoce perfectamente nuestros límites humanos y nos ofrece gracia abundante. Por eso, permítete también tener gracia contigo mismo.
Hay muchísimas opiniones y emociones en torno a la política, especialmente durante las épocas electorales. Sin embargo, aun en medio de este contexto, la Biblia nos llama a ser ciudadanos fieles: a velar por el bienestar de nuestro prójimo, a mantenernos informados, a actuar con discernimiento y a orar con perseverancia, siempre conscientes de que no somos perfectos ni lo sabemos todo. Por sobre todas las cosas, mantengamos firme esta verdad en nuestro corazón: nuestra esperanza no está puesta en este mundo, sino en Jesús, quien sigue reinando sentado en su trono.
