Mayo 17
«En ese momento vino Booz de Belén, y dijo a los segadores: ‘El Señor sea con ustedes’. ‘Que el Señor te bendiga’, le respondieron ellos». Rut 2:4
Puedes aprender muchas cosas de una persona por la manera como saluda.
Cuando Booz entró a su campo (y al libro de Rut) y saludó a sus trabajadores, la profundidad de su carácter y de su relación con Dios se hizo manifiesta.
Booz vivía consciente de la presencia de Dios y eso se dejaba ver en sus rutinas diarias. Lo mismo era verdad de muchos de los santos en el Antiguo Testamento. Ellos no percibían una separación entre lo sagrado y lo secular; más bien, toda la vida debía ser vivida ante el rostro de Dios. Cuando tú y yo vivimos con una devoción similar, experimentamos una transformación y bendición radicales, tanto en nuestras palabras como en nuestras relaciones.
Observa que, cuando Booz se presentó, no llegó pronunciando el nombre del Señor de manera casual ni profana. Él utilizó el nombre de Dios con intención y reverencia en su saludo y reconoció el lugar de autoridad y la intimidad que Dios tenía en su vida. Esta reverencia evita que hablemos de manera superficial y nos anima a buscar la bendición de Dios en cada circunstancia: cuando nos acostamos, cuando nos levantamos, cuando andamos por el camino o cuando conversamos con otros (Dt 6:7).
En el momento en que entra en ese campo, Booz establece las pautas para sus trabajadores al bendecirlos. Su ejemplo debe hacer que nos preguntemos: «¿Qué pautas estoy estableciendo en mi trabajo, en mi hogar, en la tienda o en mi iglesia?». Si la bendición y el contentamiento del Señor invaden tu vida, no importa si eres un directivo o un becario, no importa si tu trabajo incluye hacer cuadrar las cuentas o cambiar incontables pañales, devolverás bendición con bendición al señalar de vuelta a Él en todo lo que haces y dices.
Si Cristo en verdad ha entrado a tu vida como Señor y Salvador, tu fe debería resonar en cada momento. No consideres tu «tiempo con Dios» solo como una reunión diaria de quince minutos, esperando que te sustente por el resto de tu día. Nunca podrás llevar a otros a la presencia de un Dios en cuya presencia no vives. Habla de Él en tus conversaciones. Recuerda Su presencia y Sus promesas con cada pequeño triunfo y dificultad en tu vida. Busca formar el hábito de conversar con Él mientras estás despierto. Vive consciente de la presencia de Dios y eso se reflejará en tus rutinas y reacciones.
Permite, Señor, en Tu gran bondad Que podamos vivir por la eterna ciudad; Y ayúdanos hoy en oración A vivir con los santos en comunión.¹
1 John Keble, «New Every Morning Is the Love» [«Nuevo es cada mañana el amor»] (1822).
Devocional tomado del libro Verdad para Vivir: 365 devocionales diarios
