Mayo 12
«Rut le respondió: ‘No insistas en que te deje o que deje de seguirte; porque adonde tú vayas, yo iré, y donde tú mores, moraré. Tu pueblo será mi pueblo, y tu Dios mi Dios'» Rut 1:16
Hay momentos en la vida que exigen una decisión. Y, tal como lo dice el pastor y autor Rico Tice, «Somos las decisiones que tomamos».¹
Después de pasar por la triple tragedia de enterrar a su esposo y a sus dos hijos en Moab, Noemí decidió regresar a su ciudad natal, Belén. Sin embargo, en lugar de obligar a sus nueras, Rut y Orfa, a regresar con ella, Noemí les insistió que permanecieran en su propio país, Moab, que regresaran a sus familias, volvieran a casarse y vivieran vidas plenas (Rut 1:8-9). Rut y Orfa enfrentaron de pronto una decisión que cambiaría sus vidas.
Las vidas de estas tres mujeres estaban entretejidas. Habían vivido juntas, experimentado pérdidas juntas, estado de luto juntas y llorado juntas. Finalmente, Orfa decidió quedarse atrás y Rut decidió viajar con Noemí hasta Belén. En esencia, Orfa hizo lo que era esperado y sensato. Rut, por otra parte, abandonó lo conocido para sumergirse en lo desconocido. Abandonó la esperanza de volver a casarse para quedarse con su anciana e indefensa suegra.
Rut entendió que la decisión no debía ser guiada por expectativas de familiaridad, de seguridad ni de relaciones. Este momento transformaría su vida y su futuro. Permanecer en Moab habría significado permanecer con los dioses falsos de su niñez y dar la espalda a todo lo que probablemente había descubierto por Noemí sobre el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob. El Dios de Noemí se había vuelto el Dios de Rut. Por eso, decidió quedarse y acompañar a Rut.
La decisión de Rut en el camino a Belén nos apunta hacia el valle de la decisión por el que Jesús quiere que cada uno de nosotros pase: ¿Quieres ser Mi discípulo o quieres regresar a la vida que conocías? ¿Quién está dispuesto a abandonar a su padre y a su madre y todo lo que conoce, todo lo que representa estabilidad y seguridad, por Mí causa? (ver Lc 14:26). ¿Podemos decirle con confianza a Cristo: «Adonde Tú vayas, yo iré»? ¿Podemos declarar: «Aunque el camino adelante sea poco familiar y poco popular, aún así quiero seguirte?».
Esta no es solo una decisión que tomamos en el momento de nuestra salvación. La tomamos todos los días de nuestra vida: ¿Regresaremos a nuestros viejos caminos de pecado, o seguiremos el camino de la verdad? ¿Haremos sacrificios y tomaremos riesgos para seguir a Dios y servir a Su pueblo?
La valiente y fiel respuesta de Rut a esta crucial disyuntiva nos pone el ejemplo a medida que consideramos qué materias escoger, a qué dedicarnos, cómo y con quién pasar nuestro tiempo, cuánto dinero tener y cómo administrarlo o dónde vivir y servir. Estas decisiones, si las tomamos de forma adecuada, nos marcarán y nos transformarán; nos comprometerán sin reservas a seguir a Jesucristo, el único en quien podemos encontrar verdadera vida abundante (Jn 10:10).
Devocional tomado del libro Verdad para Vivir: 365 devocionales diarios
