Mayo 1
«Jesús estaba en la popa, durmiendo sobre una almohadilla; entonces lo despertaron y le dijeron: ‘Maestro, ¿no te importa que perezcamos?’. Jesús se levantó, reprendió al viento y dijo al mar: ‘¡Cálmate, sosiégate!'» Marcos 4:38-39
Ponte en los zapatos de los discípulos mientras navegaban por aquel mar tormentoso y Jesús dormía en la popa del bote. Varios de ellos eran pescadores experimentados y entendían que se enfrentaban a la posibilidad real de ahogarse y, sin embargo, su Maestro parecía haberlos abandonado, ya que se encontraba profundamente dormido.
El simple hecho de que Jesús tuviera necesidad de dormir revela que tenía un cuerpo humano real que conocía los sentimientos de fatiga, sed y hambre. Él había experimentado de primera mano las debilidades del cuerpo. Incluso, se tomó la molestia de encontrar una almohadilla para dormir, lo que nos muestra que también podía sentir incomodidad. Aquel que había creado el universo pudo haber convertido la madera en la que estaba recostado en una sustancia mucho más cómoda para descansar, pero, en cambio, el Señor de gloria colocó Su cabeza en una almohada, igual que tú y que yo.
Si Jesús no hubiera experimentado las debilidades y las tentaciones de la humanidad, Él no podría haber sido un Sumo Sacerdote empático que nos ofrece misericordia y gracia desde el trono celestial (Heb 4:14-16). Sin embargo, la Biblia deja en claro que sí lo hizo. Él conoció, por ejemplo, el dolor del rechazo: «A lo Suyo vino, y los Suyos no lo recibieron» (Jn 1:11). Incluso algunos de Sus discípulos más fieles (muchos de los que estaban en ese mismo bote) eventualmente lo negarían o lo abandonarían. También conocía el abuso de la calumnia que presentaba de forma equivocada la maravilla y la belleza de Su carácter (ver, por ejemplo, Lc 7:34). Él luchó durante cuarenta días y cuarenta noches con las mentiras y tentaciones del Maligno (Mt 4:1-11). Enfrentó la terrible agonía y confusión de la cruz cuando clamó: «Dios Mío, Dios Mío, ¿por qué me has abandonado?» (Mt 27:46). No existe experiencia alguna de dolor ni insulto que podamos conocer que no haya aplastado el corazón de Cristo y, ya que conoce estas luchas, nos invita a ir a Él cuando las experimentamos nosotros.
Aquí, en este pequeño incidente al inicio del Evangelio de Marcos, encontramos el recordatorio transformador de que Jesús es el Cristo vivo, un Salvador empático y un compañero fiel. No hay nadie mejor capacitado para tratar con cualquier problema que tú y yo podamos enfrentar que el Maestro que los discípulos encontraron dormido sobre una almohadilla. Tú, como ellos, puedes clamar a Él y descubrir que Aquel que necesitaba dormir en ese bote también es el que puede reprender la tormenta, el que reina en las alturas, el que nunca se adormece ni duerme, el que nunca dejará que tu pie resbale (Sal 121:3-4).
¿Qué tienes hoy en tu mente que te mueva al temor? Ten por seguro que el Señor Jesús entiende cómo es esta vida. Lleva a Él tus temores, «echando toda [tu] ansiedad sobre Él, porque Él tiene cuidado de [ti]» (1P 5:7).
Devocional tomado del libro Verdad para Vivir: 365 devocionales diarios
