Abril 24
Tus pecados han sido perdonados (Lucas 7:48).
Cuando Jesús estaba en la casa de un fariseo, una mujer se acercó a Él llorando y lavó Sus pies. Sin duda habrá sentido vergüenza, ya que los ojos de Simón les comunicaban a todos los presentes que era una pecadora y que Jesús no tenía razón alguna para permitir que lo tocara.
En verdad era una pecadora. Tenía motivos para sentirse realmente avergonzada. Pero no por mucho tiempo.
Jesús le dijo: “Tus pecados han sido perdonados” (Lucas 7:48); y cuando el resto de los invitados comenzó a murmurar, volvió a animarla en su fe diciendo: “Tu fe te ha salvado, ve en paz” (Lucas 7:50).
¿De qué manera, Jesús le ayudó a pelear contra los efectos paralizantes de la vergüenza? Dándole una promesa: “¡Tus pecados han sido perdonados! Tu fe te ha salvado. Tu futuro será de paz”. Declaró que el perdón en el pasado le daría paz en el futuro.
Así que, para ella, el tema era la fe en la gracia venidera de Dios, fundamentada en la autoridad de la obra perdonadora y la palabra liberadora de Jesús. Así es como cada uno de nosotros debe combatir los efectos de la vergüenza injustificada: no una vergüenza falsa, sino una vergüenza que realmente deberíamos sentir, pero que amenaza con persistir demasiado y paralizarnos.
Debemos presentar batalla contra la incredulidad aferrándonos a las promesas de la gracia venidera y la paz que provienen del perdón por nuestros actos vergonzosos.
- Pero en Ti hay perdón, para que seas temido (Salmos 130:4).
- Busquen al Señor mientras puede ser hallado, llámenlo en tanto que está cerca. Abandone el impío su camino, y el hombre malvado sus pensamientos, y vuélvase al Señor, que tendrá de él compasión, al Dios nuestro, que será amplio en perdonar (Isaías 55:6-7).
- Si confesamos nuestros pecados, Él es fiel y justo para perdonarnos los pecados y para limpiarnos de toda maldad (1 Juan 1:9).
- De Él dan testimonio todos los profetas, de que por Su nombre, todo el que cree en Él recibe el perdón de los pecados (Hechos 10:43).
Todos necesitamos perdón hoy. Y lo necesitaremos mañana. Jesús murió para dárnoslo hoy y mañana. Hoy o mañana, la realidad es esta: el perdón de Dios nos libera para el futuro. Nos libera de la vergüenza agobiante. El perdón está lleno de gracia venidera.
Cuando vivimos por fe en la gracia venidera, arraigados en el perdón de Dios, somos libres de los efectos persistentes y paralizantes de la vergüenza que merecemos sentir. Eso es lo que significa ser perdonados.
