Abril 20
¡Cuán grande es Tu bondad, que has reservado para los que te temen, que has manifestado para los que en Ti se refugian, delante de los hijos de los hombres! (Salmos 31:19).
Considera dos verdades importantes que presenta Salmos 31:19.
1. La bondad del Señor.
Existe una bondad peculiar de Dios. Es decir, no solo una bondad general de Dios, la cual muestra a todo ser humano al hacer salir el sol sobre malos y buenos (Mateo 5:45), sino que también se trata de una bondad peculiar, como dice el salmo, para “los que [le] temen”.
Esta bondad es de una abundancia sin medida. No tiene límite, jamás se acaba, lo abarca todo. Hay bondad solo para los que le temen. Todo coopera para el bien de ellos (Romanos 8:28). Incluso las tribulaciones están llenas de ganancia para ellos, según Romanos 5:3-5.
Pero quienes no le temen reciben una bondad temporal. Romanos 2:4-5 lo describe así: “¿O tienes en poco las riquezas de Su bondad y tolerancia y paciencia, ignorando que la bondad de Dios te guía al arrepentimiento? Pero por causa de tu terquedad y de tu corazón no arrepentido, estás acumulando ira para ti en el día de la ira y de la revelación del justo juicio de Dios”. Bondad. Tolerancia. Paciencia. Pero no se presentan en el contexto del temor del Señor, sino con la dureza.
Esa es la primera verdad: la bondad del Señor.
2. El temor del Señor.
El temor del Señor es el temor de apartarse de Él. Por tanto, se manifiesta al buscar refugio en Dios. Por eso, en Salmo 31:19 se mencionan dos condiciones: temer al Señor y refugiarse en Él. “¡Cuán grande es Tu bondad, que has [(1)] reservado para los que te temen, [(2)] que has manifestado para los que en Ti se refugian”.
Parecen ser opuestos. El temor parece alejar y refugiarse parece atraer. Pero cuando vemos que este temor es el temor a huir, a alejarse de Él, entonces actúan juntos.
Hay un verdadero temblor en el corazón de los santos. “Ocúpense en su salvación con temor y temblor” (Filipenses 2:12). Pero es el temblor que se siente en los brazos de un Padre que acaba de rescatar a su hijo de la embestida del océano. Es el temblor ante la terrible perspectiva de pensar que no necesitamos un Padre.
Así que, aprecia la bondad del Señor. Teme alejarte de Él. Huye de todo pecado y refúgiate en Él. “¡Cuán grande es Tu bondad, que has reservado para los que te temen, que has manifestado para los que en Ti se refugian”.
Devocional tomado del artículo “The Goodness of God and the Fear of God”.
