Abril 17
“María Magdalena fue y anunció a los discípulos: ¡He visto al Señor!” Juan 20:18
¿Qué puede cambiar a una persona temerosa en alguien lleno de fe?
Después de la crucifixión de Jesús, los discípulos estaban completamente destrozados, abatidos y escondidos por miedo a la persecución. Uno de ellos, Judas, ya había muerto por suicidio. Otro, Pedro, había cedido ante la presión y había negado a Jesús, su líder y maestro, al que habían visto morir brutalmente. Sus esperanzas y sueños parecían haber muerto con Él. Sin embargo, solo unas semanas después, este mismo grupo abatido estaba en las calles de Jerusalén declarando con valentía que Jesús era el Mesías resucitado. ¿Qué hizo que estos hombres pasaran del miedo cobarde a la fe valiente? ¿Qué puede hacer el mismo cambio en nosotros? Solo el Jesús resucitado.
El trasfondo judío de los discípulos les hizo creer que el Mesías aparecería y permanecería para siempre. Al principio, la muerte de Jesús los abatió, ya que parecía una derrota total en lugar de una victoria gloriosa. Su cambio al proclamar confiadamente a Jesús como Mesías después de Su muerte solo tiene una explicación posible: deben haber visto a Jesús resucitado. Si no lo hubieran visto, solo lo habrían recordado con cariño, o quizás con amargura, como su querido maestro, pero nada más. ¿Qué perdón y esperanza pueden encontrarse en un hombre muerto? Pero con un Mesías resucitado, de repente todo cambia.
La Biblia nos dice en relatos de primera mano que los discípulos se encontraron con Cristo resucitado (ver, por ejemplo, Jn 20:11 – 21:23). Algunos argumentan que los discípulos alucinaron, y que solo lo “vieron” debido a su fe desbordante. Pero recuerda que inicialmente no tenían fe en la resurrección. De hecho, las Escrituras nos dicen que se sentaron detrás de las puertas cerradas con miedo y decepción (20:19). E incluso si hubieran imaginado a un Cristo resucitado y reinante, probablemente no habrían imaginado a un Jesús que cocinaba y comía pescado en la playa, que todavía tenía cicatrices de Su brutal muerte, y que caminaba por las calles y se encontraba con ellos en diversos lugares. Tampoco lo habrían descrito a sí mismos como personas tan cobardes ni habrían incluido los informes de las mujeres (cuyo testimonio no se consideraba válido en aquella cultura). Más bien, se habrían presentado como las figuras valientes y prominentes que descubrieron por primera vez la tumba vacía. Cualquier tipo de explicación alternativa para la tumba vacía exige aún más “fe” de la que exige confiar en lo que nos ha sido revelado en la Palabra de Dios.
La resurrección lo cambia todo. Debemos considerar los hechos que rodean el regreso de Jesús de entre los muertos, pero también debemos considerar las gloriosas buenas noticias que nos ofrece. Sin la resurrección corporal literal de Jesús, el cristianismo carece de valor; “la fe de ustedes es falsa” (1Co 15:17). Pero como Jesús sí ha resucitado y sí reina, entonces en Él hay un perdón que no se puede encontrar en ningún otro, y en Él hay una esperanza futura como ninguna otra. ¿Has visto, con el ojo de la fe, al Señor resucitado y reinante? Entonces, como María y como los discípulos, verás cómo tu miedo lleno de dudas se convierte en una fe confiada al proclamar con valentía esta esperanza a tu propio corazón y a este mundo temeroso.
Devocional tomado del libro Verdad para Vivir: 365 devocionales diarios
