Abril 14
Ustedes, pues, oren de esta manera: “Padre nuestro que estás en los cielos,
santificado sea Tu nombre…” (Mateo 6:9).
Decenas de veces las Escrituras dicen que Dios hace cosas por amor a Su nombre.
- Me guía por senderos de justicia por amor de Su nombre (Salmo 23:3).
- Oh Señor, por amor de Tu nombre, perdona mi iniquidad (Salmo 25:11).
- No obstante, los salvó por amor de Su nombre (Salmo 106:8).
- Por amor a Mi nombre contengo Mi ira (Isaías 48:9).
- Sus pecados les han sido perdonados por el nombre de Cristo (1 Juan 2:12).
Si te preguntas qué es lo que realmente mueve el corazón de Dios en esa declaración (y en muchas otras similares), la respuesta es que Dios se deleita en que Su nombre sea conocido y honrado.
La primera y más importante de las oraciones que puede orarse es: “Santificado sea Tu nombre”. Solía pensar que esto era una aclamación. Algo así como: “¡Aleluya! ¡Santificado sea el nombre del Señor!”. Pero no es una aclamación. Es una petición. En realidad, una especie de imperativo o mandato. ¡Señor, que se haga! Causa que así sea. Que Tu nombre sea santificado. Esta es mi petición, mi oración. Te pido que hagas esto: “Haz que la gente santifique Tu nombre. ¡Haz que yo santifique Tu nombre!”.
Dios ama el hecho de que más y más personas “santifiquen” Su nombre, y por eso Su Hijo les enseña a los cristianos a orar por esto. De hecho, Jesús la convierte en la primera y más importante oración, porque esta es la primera y más grande pasión del Padre.
“Señor, haz que cada vez más personas santifiquen Tu nombre”, es decir, que lo estimen, lo admiren, lo respeten, lo honren, lo alaben y se deleiten en Tu nombre. ¡Más y más personas! Así que puedes ver que, esta básicamente es una oración misionera.
Devocional tomado del libro The Pleasures of God, página 82.
