Abril 10
Porque cuando ustedes eran esclavos del pecado, eran libres en cuanto a la justicia. ¿Qué fruto tenían entonces en aquellas cosas de las cuales ahora se avergüenzan? Porque el fin de esas cosas es muerte (Romanos 6:20-21).
Cuando los ojos de un cristiano son abiertos y puede ver cómo su comportamiento anterior no honraba a Dios, naturalmente se siente avergonzado. Pablo le dice a la iglesia de Roma: “Cuando ustedes eran esclavos del pecado… ¿Qué fruto tenían entonces en aquellas cosas de las cuales ahora se avergüenzan?”.
Existe un momento oportuno para mirar hacia atrás y sentir una punzada de dolor por haber vivido de una manera que era tan ofensiva hacia Dios. Aun así, no tenemos que paralizarnos meditando en esto. Sin embargo, el corazón cristiano sensible no puede pensar en las necedades de cuando era joven y no sentir el eco de la vergüenza, aun después de haber arreglado cuentas con el Señor.
Una vergüenza adecuada puede ser muy sana y redentora. Pablo les dijo a los Tesalonicenses: “Y si alguien no obedece nuestra enseñanza en esta carta, señalen al tal y no se asocien con él, para que se avergüence” (2 Tesalonicenses 3:14). Esto significa que la vergüenza es un paso correcto y redentor, incluso en el arrepentimiento de un creyente que pasa por una temporada de indiferencia espiritual y pecado. La vergüenza no es algo que se deba evitar a toda costa. Existe un lugar para ella en la relación de Dios con Su pueblo.
Podemos concluir que el criterio bíblico para la vergüenza inadecuada y para la vergüenza adecuada está radicalmente centrado en Dios.
El criterio bíblico para la vergüenza inadecuada dice: “No te avergüences de algo que honra a Dios, por muy débil, insensato o equivocado que te haga parecer a los ojos de los demás”. Otra forma de aplicar este criterio teocéntrico de la vergüenza inadecuada: “No te avergüences de una situación verdaderamente vergonzosa, a menos que participes de alguna manera en el mal”.
El criterio bíblico para la vergüenza adecuada dice: “No sientas vergüenza por tener algo que ver con algo que deshonra a Dios, no importa cuán fuerte, sabio o correcto te haga parecer a los ojos de los demás”.
La razón por la que deberíamos sentir vergüenza es la desaprobación del comportamiento que deshonra a Dios. La razón por la que no deberíamos sentir vergüenza es el comportamiento que honra a Dios, incluso si la gente intenta avergonzarte por ello.
