Abril 4
“Hombres de Israel, escuchen estas palabras: Jesús el Nazareno…” Hechos 2:22
Con cada año que pasa, he desarrollado una mayor tendencia a despertarme en medio de la noche. La preocupación a menudo se apodera de mí cuando me despiertan del sueño y, como corresponde a un pastor, una de mis preocupaciones es esta: ¿Estoy viendo y mostrando a Cristo en y desde todas las Escrituras?
Es posible estudiar la Biblia sin que Cristo sea nuestro centro de atención. Podemos enorgullecernos de entenderla de una manera muy sistemática, pero al hacerlo, corremos el riesgo de enamorarnos tanto de nuestro método que no vemos a Cristo.
En Hechos 2, cuando Pedro se dirige a la multitud, dice: “Hombres de Israel, escuchen estas palabras”. (Su tono parece tener autoridad, ¿cierto?). Y luego nota lo que sigue: “Jesús de Nazaret…”. Pedro no comienza apelando a las necesidades que siente la gente ni presentándoles todos los beneficios prácticos del evangelio, ni se embarca en la exposición de un conjunto de doctrinas o en la presentación de una serie de proposiciones. Más bien, procede a decir quién es Jesús, por qué vino y qué hizo.
La enseñanza de Pedro estaba dirigida al corazón, enraizada en la gracia y centrada en Cristo. Esta enseñanza tiene un costo, uno que no todos están dispuestos a pagar. Es mucho más fácil hablar de los temas del día que conocer y compartir verdaderamente a Cristo. A veces, en las iglesias que tienen la Biblia en alta estima, nos resulta más cómodo hablar más de nuestras doctrinas favoritas que del Cristo que a menudo nos inquieta y desafía nuestro estilo de vida. Sin embargo, lo difícil es también lo correcto. ¡Qué terrible desperdicio de energía, obtener una visión o proporcionar una instrucción sobre casi todo lo que no sea la historia salvadora de Jesús!
Las Escrituras encuentran su enfoque y su cumplimiento en Cristo. La verdadera prueba de la profundidad de la Palabra de Dios que habita en nosotros no es nuestra capacidad de articular una línea de la historia, sino de ver a Jesús en todas las Escrituras. Él no es solo el comienzo de la fe cristiana, sino la suma total de la misma. Intenta profundizar en Cristo, no ir más allá de Él.
Quizás esta debería ser nuestra oración cada vez que abrimos las páginas de nuestra Biblia:
Más de Jesús quiero aprender,
Más de Su gracia conocer,
Más del amor con que me amó,
Más de la cruz en que murió.
Más quiero amarle,
Más quiero honrarle;
Más de Su salvación gozar,
Más de Su dulce amor gustar.¹
1 Eliza E. Hewitt, “Más de Jesús” (1887).
Devocional tomado del libro Verdad para Vivir: 365 devocionales diarios
