Marzo 28
En mi primera defensa nadie estuvo a mi lado, sino que todos me abandonaron; que no se les tenga en cuenta. Pero el Señor estuvo conmigo y me fortaleció, a fin de que por mí se cumpliera cabalmente la proclamación del mensaje y que todos los gentiles oyeran. Y fui librado de la boca del león. El Señor me librará de toda obra mala y me traerá a salvo a Su reino celestial. A Él sea la gloria por los siglos de los siglos. Amén (2 Timoteo 4:16-18).
Esta mañana me detuve a pensar en esas magníficas palabras que le rompen el corazón a uno. Pablo estaba bajo custodia en Roma. Hasta donde sabemos, no lo soltaron. Su última carta termina de esta manera.
¡Considera esto y queda boquiabierto!
Él fue abandonado: “Nadie estuvo a mi lado”. Es un anciano, un fiel servidor en una ciudad extranjera, lejos de su casa, rodeado de enemigos y en peligro de muerte. ¿Por qué? Respuesta: para que pudiera escribir estas palabras maravillosas a nuestras almas: ¡“Pero el Señor estuvo conmigo”!
¡Oh, cuánto amo esas palabras! Cuando los amigos más cercanos te abandonan, ¿clamas en contra de Dios? ¿Será que tu dios en realidad es la gente en tu vida? ¿O será que esta verdad gloriosa te llena de valor: “Yo estoy con ustedes todos los días, hasta el fin del mundo” (Mateo 28:20), sin importa quién te abandone? ¿Se fortalece tu corazón con el juramento inquebrantable: “Nunca te dejaré ni te desampararé” (Hebreos 13:5)?
Entonces digamos: “¡El Señor estuvo conmigo!”.
Pregunta: ¿cuál era la amenaza en 2 Timoteo 4:18? Respuesta: que Pablo no llegara a salvo al reino celestial del Señor. Pero de nuevo, Pablo clama: “El Señor… me traerá a salvo a Su reino celestial”.
Pregunta: ¿de qué manera estaba en peligro el hecho de que Pablo alcanzara el reino celestial? Respuesta: “Toda obra mala”. “El Señor me librará de toda obra mala y me traerá a salvo a Su reino celestial”.
Pregunta: ¿cómo una obra mala podría poner en peligro el hecho de que Pablo alcance el reino celestial? Respuesta: al tentarlo a abandonar su lealtad a Cristo por medio de la desobediencia.
Pregunta: ¿fue esta tentación “la boca del león” de la que Pablo fue librado? Respuesta: sí. “Su adversario, el diablo, anda al acecho como león rugiente, buscando a quien devorar. Pero resístanlo firmes en la fe” (1 Pedro 5:8-9).
Pregunta: ¿entonces quién se lleva la gloria de que Pablo no cediera ante esta tentación, sino que permaneciera en fe y obediencia hasta el final? Respuesta: “[A Dios] pertenecen la gloria y el dominio por los siglos de los siglos. Amén” (1 Pedro 4:11). “A [Dios] sea la gloria por los siglos de los siglos. Amén” (2 Timoteo 4:18).
La última pregunta: ¿Por qué? ¿No fue acaso Pablo quien se mantuvo firme? Respuesta: ¡“El Señor estuvo conmigo y me fortaleció”!
