Marzo 28
“Ustedes se han hecho tardos para oír… otra vez tienen necesidad de que alguien les enseñe los principios elementales de los oráculos de Dios, y han llegado a tener necesidad de leche y no de alimento sólido. Porque todo el que toma solo leche, no está acostumbrado a la palabra de justicia, porque es niño. Pero el alimento sólido es para los adultos”. Hebreos 5:11-14
Imagina visitar tu restaurante favorito y notar que todos los clientes sentados en las mesas beben leche de grandes biberones. ¡Qué escena tan extraña sería esa! Pero esta es la ilustración que presenta el escritor de Hebreos cuando insta a los cristianos judíos de su época a permanecer con hambre para ser más y más como Cristo. Él sabía que muchos se estaban relajando en su fe. Los que ya deberían haber sido maestros necesitaban en cambio volver a repasar su abecedario.
La dificultad de estos creyentes para entender los principios bíblicos no era porque el tema fuera demasiado complejo, ni por la falta de habilidad del escritor para explicar con claridad. Más bien, se habían hecho voluntariamente lentos para aprender. Cuando el autor dice que se han vuelto “tardos para oír”, utiliza el mismo término que después empleará cuando les dice que no sean “perezosos” (Heb 6:12). En ese pasaje, exhorta a sus lectores a no tolerar esta actitud de pereza, sino más bien a ser “imitadores de los que mediante la fe y la paciencia heredan las promesas”.
Si estos primeros cristianos hubieran sido dedicados y hubieran escuchado e intentado entender los conceptos de la Biblia y simplemente estuvieran teniendo problemas para hacerlo, probablemente el autor no habría sido tan duro con ellos. En cambio, este no era el caso. Él reprendió a los miembros de la iglesia que debieron haber estado recibiendo con gozo la verdad, pero que se habían vuelto apáticos. Su entusiasmo se había desvanecido. Habían dejado de prestar atención. Como resultado, no podían entender, y esto les impedía seguir siendo transformados por la verdad de Dios. Si no somos vigilantes, lo mismo podría sucedernos. No podemos sobrevivir con una dieta de cereal, pan tostado y leche. Está bien que nos guste la leche. Está bien que forme parte de nuestra dieta. Pero no está bien que se vuelva el total de nuestro consumo. Eso es para bebés y no debemos seguir siendo bebés. Debemos aprender a comer alimentos más nutritivos y a expandir nuestro paladar.
Que tu meta continuamente sea “crecer en la gracia y el conocimiento de nuestro Señor” (2P 3:18) para poder lidiar con las implicaciones de la verdadera experiencia cristiana. No seas alguien que, cuando escucha las buenas nuevas del evangelio proclamadas, dice en su mente: “Ah, ya sé eso. Me puedo desconectar ahora”. No seas alguien que considera el sermón del domingo por la mañana alimento espiritual suficiente para toda la semana. No seas alguien que chapotea en la orilla y que nunca hace el esfuerzo de sumergirse en las profundidades de las riquezas de la Palabra de Dios. Sé alguien que ama el evangelio y que, por gracia de Dios, nunca se cansa de escucharlo. Sé alguien que ama la Palabra de Dios… que ama beber de ella y rumiarla, y que es despertado por su verdad una y otra vez a medida que crece más y más en semejanza a su gran tema: nuestro Señor y Salvador.
Devocional tomado del libro Verdad para Vivir: 365 devocionales diarios
