Salvos por un sacrificio

Jesús es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo, el sacrificio perfecto que trae libertad y rompe toda cadena.
Foto: Unsplash

Marzo 27

“La sangre les será a ustedes por señal en las casas donde estén. Cuando Yo vea la sangre pasaré de largo, y ninguna plaga vendrá sobre ustedes para destruirlos cuando Yo hiera la tierra de Egipto”. Éxodo 12:13

¿Qué sucede durante la comunión? ¿Por qué los cristianos comen pan y beben de una copa?
Al buscar respuestas a estas preguntas, no muchos de nosotros pensamos en Moisés. Si vemos su historia demasiado de cerca, obtendremos solamente una vista truncada de los juncos, de la zarza y de las plagas. Sin embargo, si nos alejamos lo suficiente, podremos ver y compartir la gloria de la perspectiva global de Dios.

Para echar a andar el éxodo de Su pueblo, Israel, Dios pasó por la tierra en juicio y envió la última de las diez plagas sobre Egipto, de manera que todo primogénito de los egipcios murió. Los primogénitos de los israelitas también habrían muerto, porque no eran inocentes de pecado y este conduce a la muerte (Ro 6:23). No obstante, Dios proveyó una manera para que ellos escaparan a través de la Pascua. Cuando el Señor veía la sangre del cordero sacrificado pintada con hisopo en los postes y dinteles de la puerta (Ex 12:22), Él pasaba sobre aquella casa.

En el Antiguo Testamento, esta Pascua fue el gran acto de salvación de Dios. En y a través de ella, Dios le enseñó a Su pueblo un principio vital: Dios salva mediante un sustituto. Él salvó a estas personas porque un animal había sido sacrificado en su lugar. Tal como lo narra Moisés, esa noche en Egipto “no había hogar donde no hubiera alguien muerto” (Ex 12:30). Un hijo o un cordero habían muerto. El pueblo de Dios merecía morir por su pecado, pero, si confiaban en el sacrificio de otro, tal como Dios había mandado y provisto, eran librados. Todos los años durante la historia del Antiguo Testamento, el pueblo de Dios recordaba este evento y esta gran verdad: Dios salva mediante un sustituto.

Todos esos años y fiestas resaltan la importancia del momento cuando Juan el Bautista vio a Jesús llegar y dijo: “Ahí está el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo” (Jn 1:29). Aquí estaba la provisión de Dios hecho hombre para salvar a Su pueblo de sus pecados y liberarlos, tal como el cordero de la Pascua.

El éxodo de Israel es un anticipo del gran éxodo de la humanidad: cuando una mujer o un hombre que merece el juicio de Dios confía en la sangre que fue derramada por él en la cruz, encuentra libertad del pecado. Toda cadena es rota, tal como las de los israelitas cuando fueron liberados de la esclavitud.

La siguiente vez que pienses en la comunión, considera la historia de Moisés, la zarza ardiendo y las plagas. Entonces, conecta los puntos y recuerda que la razón por la que participamos en esta celebración es que Jesús es nuestro sacrificio. Él es el Cordero de Dios. Él es tu sustituto. No tienes que temer el juicio, pues ya se encuentra detrás de ti: ha sido pagado y tratado en la cruz. Estás de camino a la tierra prometida.


Devocional tomado del libro Verdad para Vivir: 365 devocionales diarios

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Alistair Begg

Alistair Begg

Alistair Begg is the senior pastor of Parkside Church in Cleveland, Ohio, the Bible teacher at “Truth For Life,” and the author of Brave by Faith: God-Sized Confidence in a Post-Christian World. He is married to Susan, and together they have three grown children and five grandchildren.

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