Marzo 14
“Y Josué, hijo de Nun, y Caleb, hijo de Jefone… rasgaron sus vestidos; y hablaron a toda la congregación de los israelitas y dijeron: ‘La tierra por la que pasamos para reconocerla es una tierra buena en gran manera. Si el SEÑOR se agrada de nosotros, nos llevará a esa tierra y nos la dará; es una tierra que mana leche y miel’”. Números 14:6-8
El 3 de mayo de 1953, un avión comercial que se dirigía de Singapur a Londres se estrelló a 35 km (22 mi) al noroeste de Calcuta, India, sin sobrevivientes. Fred Mitchell, quien se había convertido en el director de la Misión al Interior de China diez años antes volaba en esa aeronave. En su biografía, Fred es descrito como “un hombre ordinario, proveniente de un hogar rural con padres de clase laboral, que pasó la mayor parte de su vida como químico en las provincias, y que caminó con Dios”.¹
Hasta que Caleb, hijo de Jefone, fue nombrado espía por Moisés para reconocer la tierra que Dios había prometido dar a Su pueblo, tampoco había nada que indicara que era particularmente importante ni distinguido. Pero con certeza fue en estas experiencias ordinarias por el monótono camino de su vida que Dios forjó y desarrolló el carácter que vemos revelado en Números 14.
La crisis tiende a revelar el carácter. Cuando los espías israelitas regresaron para reportar sus hallazgos en Canaán, anunciaron que las ciudades estaban fortificadas, y que “no podemos subir contra ese pueblo, porque es más fuerte que nosotros… y a nosotros nos pareció que éramos como langostas” (Nm 13:31, 33). Y el pueblo respondió con acusaciones a Dios por llevarlos a una tierra donde serían asesinados (14:3).
El compromiso de Caleb hacia Dios sobresale. Él estaba preparado para resistir la tendencia de la opinión popular. Cuando los espías recomendaron no entrar a la tierra prometida, él se les opuso. Cuando todos se estaban rebelando contra Dios, él se rehusó a unírseles. Caleb, junto con su fiel amigo Josué, fueron los únicos que aconsejaron obedecer con valentía a Dios.
Caleb estaba seguro de lo que podía ser logrado con el poder de Dios. Él no negó la verdad de lo que los otros espías tenían que decir; simplemente tenía una perspectiva diferente. Él estaba confiado, no en sus habilidades ni en las de los israelitas, sino en el poder de Dios y en la honradez de Su carácter. Él fue un hombre de fe en medio del temor. Él sabía que una langosta que recibe la ayuda de Dios puede lograr grandes cosas.
Aunque sintamos que nuestra vida es una rutina monótona, siempre podemos buscar a Dios en las cosas ordinarias. En los momentos más rutinarios, Él forjará nuestro carácter para que también nosotros nos convirtamos en personas de valor en cualquier circunstancia. Dios no está buscando gigantes a través de los cuales cumplir Sus planes. Él está buscando personas comunes que estén preparadas para confiar en Él, para dar pasos de fe y para avanzar con valentía. No hay nada que te detenga de ser ese tipo de persona hoy.
1 Phyllis Thompson, Climbing on Track: A Biography of Fred Mitchell [Ascenso planeado: Una biografía de Fred Mitchell] (China Inland Mission, 1953), 12.
Devocional tomado del libro Verdad para Vivir: 365 devocionales diarios
