Marzo 12
“Entonces Judas, el que lo había entregado, viendo que Jesús había sido condenado, sintió remordimiento y devolvió las treinta monedas de plata… a los principales sacerdotes y a los ancianos, ‘He pecado entregando sangre inocente’, dijo Judas… y fue y se ahorcó”. Mateo 27:3-5
¿Qué le sucedió a Judas después que traicionó a Jesús? Cambió de parecer. Nos ayuda la traducción de la NBLA de esta frase: “sintió remordimiento”. El corazón de Judas fue alterado, al parecer al instante y, con él, también su perspectiva. Ese Judas que vemos en Getsemaní al frente de una procesión de hombres armados para arrestar a Jesús con animosidad desvergonzada no es el Judas que vemos aquí, horas después, ante los principales sacerdotes y los ancianos. Su corazón endurecido fue reemplazado por un espíritu de remordimiento que tomó control de su alma.
Considera por un momento la experiencia de Judas y tómala como un recordatorio de que el pecado siempre ofrece una falsa esperanza. Los momentos antes de pecar a menudo se sienten totalmente diferentes a los que le siguen. Es el mismo cambio dramático que Adán y Eva sintieron en el huerto del Edén tras su desobediencia. Todo lo que conocían en ese momento antes de comer el fruto, todo lo que anticiparon en ese acto de rebelión se convirtió en polvo en su boca (Gn 3:6-8). De la misma manera, todo lo que parecía tan atractivo a Judas al entregar a Jesús a Sus enemigos rápidamente se convirtió en nada a sus ojos.
Cuando pecamos, todas las influencias cautivadoras y embriagantes (todo lo que nos llevó a rebelarnos) pasan en un momento. Lo que brillaba resulta ser un fiasco. Solo queda la realidad: He pecado contra un Dios santo y amoroso.
Ante este remordimiento radical, tenemos una elección: arrepentirnos y reconciliarnos con Dios o entrar en desesperación y condenarnos a nosotros mismos. Trágicamente, Judas escogió lo segundo. Su culpa fue tan grande que, seguramente, cualquier rostro que veía lo acusaba, todo sonido que escuchaba lo traspasaba y cada reverberación de su alma lo condenaba. Él intentó aliviar su culpa regresando el dinero a los principales sacerdotes; no obstante, quitar de sobre sus hombros esa bolsa de monedas no fue suficiente para eliminar el peso de su corazón. Sintiéndose aislado y más allá de toda esperanza, sufrió una muerte terrible.
Tal vez, hoy también te estés sintiendo abatido por tu pecado. Quizás has buscado arreglar las cosas por tus propios medios, pero el peso te sigue aplastando. Si es así, debes saber esto: la historia de Judas no tiene por qué ser la tuya. Puedes voltear a Cristo. Él ofrece libertad y perdón: un yugo fácil y una carga ligera (Mt 11:28-30). Para eso murió Cristo: para redimir a traidores pecadores como Judas.
El ejemplo de Judas es un recordatorio para nosotros la próxima vez que el pecado nos llame. ¿Qué pecados son particularmente tentadores para ti en este momento? Recuerda, la manera como los ves antes no es como te sentirás después. Para momentos de tentación, hay ayuda, y para momentos de culpa, hay esperanza. El perdón de Dios está esperando nuestro remordimiento y nuestro arrepentimiento. Todo lo que debes hacer es voltear a Él.
Devocional tomado del libro Verdad para Vivir: 365 devocionales diarios
