Marzo 11
“¿Qué tienes que no recibiste? Y si lo recibiste, ¿por qué te jactas como si no lo hubieras recibido?”. 1 Corintios 4:7
La llamamos con diferentes nombres y la disfrazamos de muchas maneras, pero la envidia es con frecuencia uno de los pecados más “tolerados” por los evangélicos. Quizás no la encuentres en una lista de “Diez pecados más peligrosos” de un pastor que advierte a su iglesia; tampoco es mencionada mucho cuando los creyentes comparten sus luchas. Sin embargo, sí está en la lista de Dios y es mencionada constantemente en las Escrituras. De hecho, la envidia se encuentra en medio de algunos de los comportamientos pecaminosos más despreciables que menciona el Nuevo Testamento, porque Dios quiere que la tomemos en serio (ver, por ejemplo, Ro 13:13).
No ha cambiado mucho desde que Pablo escribió a los corintios. La iglesia local promedio todavía tiene problemas con muchas divisiones provocadas por la envidia, y uno de sus peligros puede ser la manera en que nos mueve a dudar de que Dios sabe lo que hace al distribuir dones.
Todo lo que tienen, dice Pablo a estos miembros orgullosos, desunidos y envidiosos de la iglesia, lo han recibido (y el Dador de dones, el Creador del universo, no se equivoca). Entonces, ¿cómo pueden ellos (y nosotros) caminar con arrogancia como si pudieran hacer un mejor trabajo que Él si estuvieran en control de la creación? ¿Acaso determinamos nuestra altura, nuestro contorno, nuestra velocidad o cualquiera de nuestras habilidades? ¿Quién nos hizo únicos? ¡Dios! Nuestro ADN fue planeado por Él. Nuestras circunstancias son exactamente como Él las planeó, y Él no comete errores. La envidia es un pecado porque es una actitud que sugiere que Dios no es bueno o que no sabe qué es para nuestro bien. La envidia es el sentimiento que provoca la idolatría.
Cuando estamos tocando el flautín en la orquesta de la vida, podemos comenzar a mirar hacia la enorme tuba a unas pocas sillas de nosotros, con sus sonidos bajos y fuertes, y vernos tentados a decirnos a nosotros mismos: “Nadie puede escucharme. Mi sonido no es suficientemente bueno”. De allí fluye un sentimiento de amargura hacia nuestra posición y de envidia hacia el músico que toca la tuba. Sin embargo, el sonido de nuestro flautín tiene un propósito. Es el instrumento que fuimos diseñados para tocar, ¡así que toquémoslo con gozo y excelencia!
En nuestra búsqueda por utilizar los dones que Dios nos ha dado, ¿por qué sentimos envidia hacia otros? ¿Por qué permitimos que la insatisfacción nos robe el gozo que Él nos ha ofrecido gratuitamente? ¿Por qué permitimos que lo que Él ha hecho por alguien más nos ciegue hacia lo que ha hecho por nosotros (comenzando desde darnos riquezas eternas en Su presencia)? Aquí está la verdad que todos nosotros necesitamos recordar: “Dios me dio exactamente lo que necesito; he sido compuesto exactamente como Él lo ha planeado; y todo lo que Él me ha dado y no me ha dado es para mi bien y para Su gloria”.
No permitas que la envidia te consuma. En cambio, vive con gozo el rol para el cual fuiste creado. Porque eres hechura Suya, una nueva creación en Cristo Jesús para hacer las buenas obras que Él ha preparado de antemano para ti y para las que Él también te ha dado dones (Ef 2:10). Que eso sea suficiente para ti hoy.
Devocional tomado del libro Verdad para Vivir: 365 devocionales diarios
