Marzo 5
Hacen todas sus obras para ser vistos por los hombres… Aman el lugar de honor en los banquetes y los primeros asientos en las sinagogas, y los saludos respetuosos en las plazas y ser llamados por los hombres Rabí (Mateo 23:5-7).
La picazón de la autosuficiencia desea ser rascada por la aprobación de uno mismo, es decir, si nos da placer sentirnos autosuficientes, no estaremos satisfechos si no hay otros que vean y aplaudan nuestra autosuficiencia.
De ahí la descripción que dio Jesús de los escribas y fariseos en Mateo 23:5: “Hacen todas sus obras para ser vistos por los hombres”.
Es irónico. La autosuficiencia debería liberar a la persona orgullosa de la necesidad de que otros lo engrandezcan. Eso es lo que significa ser “suficiente”. Sin embargo, es evidente que existe una carencia en la supuesta autosuficiencia.
Nuestro ser no fue diseñado para satisfacerse a sí mismo ni confiar en sí mismo. Nunca podrá ser autosuficiente. Fuimos hechos a la imagen de Dios, pero no somos Dios. Lo nos hace “como” Dios no es nuestra autosuficiencia. Somos sombras y ecos. Por eso, siempre habrá un vacío en el alma que lucha por estar satisfecha con los recursos de su propio ser.
Esta vana ansiedad por la alabanza de otros muestra el fracaso del orgullo y la ausencia de fe en la continua gracia de Dios. Jesús vio el terrible efecto de esta picazón del ser humano con deseos de gloria. La mencionó en Juan 5:44: “¿Cómo pueden creer, cuando reciben gloria los unos de los otros, y no buscan la gloria que viene del Dios único?”. La respuesta es que no podemos. Desear recibir gloria de parte de otras personas hace que la fe sea imposible. ¿Por qué?
Porque la fe nos hace dejar de vernos a nosotros mismos, y en cambio, nos hace ver a Dios. La fe se satisface en todo lo que Dios es para nosotros en Jesús. Si estás inclinado a satisfacer tu picazón con el rascar de los aplausos de otros, te alejarás de Jesús. Él no es así. Él vive para la gloria de Su Padre. Y nos llama a hacer lo mismo.
Pero si rechazamos a nuestro ser como la fuente de satisfacción (arrepentimiento), y venimos a Jesús para gozarnos en todo lo que Dios es para nosotros en Él (fe), entonces la picazón causada por el vacío será reemplazada por la plenitud, lo que Jesús llama “una fuente de agua que brota para vida eterna” (Juan 4:14).
