Febrero 28
“Yo seguí plenamente al SEÑOR mi Dios. Y aquel día Moisés juró y dijo: ‘Ciertamente, la tierra que ha pisado tu pie será herencia tuya y de tus hijos para siempre, porque has seguido plenamente al SEÑOR mi Dios’”. Josué 14:8-9
Muchas personas comienzan la vida con ímpetu, solo para después perder aquello que los hizo exitosos. Quizá, fueron reconocidos de jóvenes. A la edad de cuarenta, su vida era una de prominencia, de influencia y de estatus. En la iglesia, podemos ver a estos individuos (de hecho, podemos vernos a nosotros mismos) como supremamente útiles para Dios. Sin embargo, con demasiada frecuencia, nos vemos tentados a ser los reyes del ayer, y repetidamente miramos a nuestros “buenos años” y nos quejamos de cómo han cambiado las cosas.
Aunque esto es verdad de muchos, no fue para nada la verdad de Caleb, quien huyó de la apatía y perseveró en fe. Él pasó sus años mozos en un ambiente menos que deseable. Desde la edad de cuarenta, estuvo atrapado, vagando por el desierto durante cuatro décadas porque el pueblo a su alrededor había fracasado en su fe en Dios. Sin embargo, durante este tiempo de frustración y de peregrinaje, Caleb se mantuvo libre de amargura y de insatisfacción.
De hecho, las cosas eventualmente se pusieron tan mal que el pueblo comenzó a buscar un líder que los devolviera a los buenos tiempos del pasado (Nm 14:4). No obstante, nadie necesita de verdad un líder para regresar; ¡simplemente regresas y ya! Necesitamos líderes para empujarnos hacia adelante. Hay un futuro. Hay generaciones por venir. Hay propósitos que aún no se han revelado en el plan de Dios para nuestro mundo.
Caleb revela ese espíritu. El aparente compromiso de su vida temprana fue corroborado por su constancia durante la época media de su vida. Estuvo comprometido y fue consistente, no solo a los cuarenta, sino también a los cincuenta, a los sesenta y a los setenta. A lo largo de las décadas, él había “seguido plenamente al SEÑOR”.
Para muchos, el matrimonio, fundar un hogar, las preocupaciones del trabajo, los problemas de salud, y otros a menudo son acompañados por una pérdida de ardor y de efectividad espirituales. Hay muchos que tienen grandes recursos, energía y sabiduría para ofrecer pero que, en cambio, deciden relajarse y dejar la obra del ministerio a la siguiente generación. Tal como los israelitas en el desierto, se conforman con desinterés, críticas y cinismo, y dejan de ver la desintegración de su propia vida espiritual.
¿Qué hay de tu compromiso, tus conversaciones y tu agudeza espiritual? ¿Son iguales que antes? Hay una gran necesidad en la iglesia actual, como lo hubo en la generación de los israelitas en el desierto, de hombres y mujeres de fe cuyas vidas estén marcadas por un compromiso constante, en tiempos buenos y malos, cuando es fácil y cuando no, a medida que caminan con los años hacia la herencia que el Señor ha prometido a Sus fieles seguidores. ¿Cómo se verá eso reflejado en ti hoy… y dentro de diez años?
Devocional tomado del libro Verdad para Vivir: 365 devocionales diarios
