Febrero 14
Con Cristo he sido crucificado, y ya no soy yo el que vive, sino que Cristo vive en mí; y la vida que ahora vivo en la carne, la vivo por la fe en el Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a Sí mismo por mí (Gálatas 2:20).
¿Por qué creó Dios el universo? Y, ¿por qué lo gobierna de la manera que lo hace? ¿Cuál es el propósito de Dios? ¿Es Jesucristo un medio para este propósito, o es el fin de este propósito?
Jesucristo es la revelación suprema de Dios. Él es Dios en forma humana. Como tal, Él es el fin, y no un medio.
La manifestación de la gloria de Dios es la razón de la existencia del universo. Esto es el propósito de Dios. “Los cielos” y la historia del mundo “proclaman la gloria de Dios” (Salmo 19:1).
Sin embargo, Jesucristo fue enviado a hacer algo que debía hacerse. Él vino a remediar la caída del hombre. Vino a rescatar a los pecadores de la destrucción inevitable por su pecado. Los que sean rescatados verán, saborearán y reflejarán la gloria de Dios con gozo eterno.
Otros continuarán menospreciando la gloria de Dios. Así que Jesucristo es el medio para el propósito de Dios de manifestar Su gloria para el regocijo de Su pueblo. Nadie vería, disfrutaría ni celebraría la gloria de Dios sin la obra salvadora de Cristo. El propósito del universo fracasaría. Así pues, Cristo es un medio.
Pero en el logro en la cruz, al morir por los pecadores, Cristo revela de manera suprema el amor y la justicia del Padre. Esa fue la cumbre de la revelación de la gloria de Dios: la gloria de Su gracia.
Por tanto, en el preciso momento de Su acto perfecto como medio para llevar a cabo el propósito de Dios, Jesús se convirtió en el fin de ese propósito. Al morir en el lugar de los pecadores y al resucitar por la vida de ellos, Cristo se convirtió en la revelación central y suprema de la gloria de Dios.
El Cristo crucificado es, por tanto, el medio y el fin del propósito de Dios en el universo.
Sin Su obra, el fin de revelar la plenitud de la gloria de Dios para el regocijo del pueblo de Dios no habría ocurrido.
Y en esa misma obra como medio, Cristo se convirtió en el fin, en Aquel que será por siempre el centro de nuestra adoración, mientras pasamos la eternidad viendo y saboreando más y más de lo que Él reveló acerca de Dios cuando se convirtió en maldición por nosotros.
Jesús es el fin por el cual el universo fue creado, y es el medio que hace posible que podamos gozar de ese fin al ser pecadores justificados.
Devocional tomado del artículo “A Good Friday Meditation: Christ and the Meaning of the Universe”.
