Enero 13
“El hombre de muchos amigos se arruina, pero hay amigo más unido que un hermano”. Proverbios 18:24
A nadie le gusta sentirse solo y sin amigos. Todos reconocemos la importancia de la amistad y el regalo incalculable que puede ser un verdadero amigo. Una amistad profunda, del tipo caracterizado por la constancia, la honestidad y la sensibilidad, es el estándar que nos pone la Biblia.
Salomón dice que un verdadero amigo siempre es leal, sin importar las circunstancias. “En todo tiempo ama el amigo” (Pro 17:17). Vemos a nuestros amigos exactamente como son, y aún así nos mantenemos leales. Es más, los amigos sinceros están preparados para herir con tal de que sus amigos puedan convertirse en todo lo que Dios ha planeado que sean: “Fieles son las heridas del amigo” (Pro 27:6). Podría no gustarnos demasiado, pero todos necesitamos amigos que nos pidan cuentas cuando nos equivocamos, y todos también somos llamados a ser ese tipo de amigo.
También debemos considerar nuestra lengua. Pablo dice: “No salga de [su] boca ninguna palabra mala, sino solo la que sea buena para edificación… para que imparta gracia a los que escuchan” (Ef 4:29). Puedes romper un corazón con una sola palabra, y podría llevarte toda la vida repararlo.
Los hombres y mujeres que toman en serio estos principios pueden preguntarse a veces: “¿En verdad hay algún amigo que personifique estas características? ¿Hay alguien que conozca que siempre sea constante, que me reprenda en amor y que muestre gracia y sensibilidad en todos sus tratos conmigo?”. Y la respuesta a esas preguntas se encuentra, en última instancia, en la persona de Cristo. ¡El alcance de la amistad del Señor Jesús es asombrosa! Él se hizo amigo hasta de los individuos más extraños: se detuvo debajo de un árbol para hablar con un recaudador de impuestos, le pidió agua a una mujer inmoral y buscó a un leproso. Fue constante en Su amor; estaba preparado para hablar palabras de verdad, aunque retadoras; edificaba y animaba a otros. Lo más importante, Él amó a Sus amigos lo suficiente como para dar la vida por ellos (Jn 15:13). Él es el amigo de los pecadores:
¡Oh qué amigo nos es Cristo!
Él llevó nuestro dolor,
Él nos manda que llevemos
Todo a Dios en oración.¹
La amistad de Jesús es nuestro ejemplo supremo. Como amigos de Cristo, somos llamados a amar a otros y a volvernos sus amigos, como Él lo hizo. De hecho, Jesús dijo: “Ustedes son Mis amigos si hacen lo que Yo les mando” (Jn 15:14). Debemos aprovechar cualquier oportunidad para compartir la extensión de Su amistad con aquellos que están sin amigos y sin esperanza.
Vivimos en un mundo donde tenemos muchos conocidos y “amigos de Facebook”. Pero esas no son verdaderas amistades. ¿Tienes amigos constantes, cercanos y que sean como Cristo? Si es así, atesóralos. Si no, ora por tener algunos. Y hoy, sé ese tipo de amigo para otros. Puede ser que seas la respuesta a la soledad de alguien o la protección de la ruina de alguien.
Devocional tomado del libro Verdad para Vivir: 365 devocionales diarios
1 Joseph Medlicott Scriven, “Oh qué amigo nos es Cristo”, trad. Juan Leandro Garza Marroquín (1855).
