Enero 1
En el principio Dios creó los cielos y la tierra. (Genesis 1:1)
Nunca hubo un tiempo cuando Dios no existiera. Antes de que hubiera tiempo; antes de que hubiera nada, estaba Dios. Y, ya que Su naturaleza es incambiable, también ha existido siempre en Trinidad: Dios el Padre, Dios el Hijo y Dios el Espíritu Santo.
Al leer la Biblia, descubrimos que cada miembro de la Trinidad participó en la creación: Dios el Padre tomó la iniciativa; se nos dice que Dios el Espíritu “se movía” sobre el proceso; y Dios el Hijo fue el agente de creación en todo lo que fue hecho (Gn 1:2-3; Jn 1:3).
“Todo lo radiante y lo hermoso, grandes y pequeñas criaturas” deberían asombrarnos; todas ellas fueron formadas por la orden de Dios. Él no solo es el Creador de todo; también es el Señor de todo lo que ha creado. Toda la naturaleza está en Sus manos, bajo Su control. Al ver las olas que rompen contra la orilla del mar, es increíblemente alentador saber que cada una está allí como resultado del gobierno soberano de Dios. Él no se ha alejado de Su creación, y nunca lo hará.
Es importante recordar que Dios también es trascendente. Él está en Su trono; es más sublime, superior y distinto de todo cuanto ha creado. Esto es lo que distingue al cristianismo del panteísmo, la idea de que el mundo natural es una manifestación de Dios y que, por tanto, todo es, de alguna manera, parte de Él. Según esta creencia, no deberías atreverte a matar una mosca ni a pisar una hormiga porque estos insectos son divinos. De manera similar, no deberíamos cortar un árbol ni comer carne, porque estas también serían “partes de Dios”. Este tipo de enseñanzas son falsas y engañosas, y tienden a conducir a la idolatría. La Escritura deja en claro una y otra vez que las personas escogen adorar “a la criatura en lugar del Creador” (Ro 1:25). Cuando vemos una gran pintura, hacemos bien en admirar y disfrutar la obra y, luego, alabar al pintor. Toda la creación de Dios es un lienzo, y todo proclama “Sus atributos invisibles, Su eterno poder y divinidad” (Ro 1:20).
Solo Dios debe ser adorado, porque la creación existe por Su poder y para Su gloria. Su existencia no tiene principio ni fin, y Su reino es para siempre. Él es el Rey. Hoy, exáltalo como solo Él lo merece. Sal a dar un paseo o mira por la ventana y alábalo a medida que ves Su belleza demostrada en lo que ha creado. Alábalo mientras continúa gobernando Su creación y sosteniéndote en Su mano soberana.
Devocional tomado del libro Verdad para Vivir: 365 devocionales diarios
