Todas estamos perseverando en nuestro caminar, algunas veces actuamos por incredulidad y otras con conocimiento de causa. Si nos unimos a la afirmación feminista de que somos poderosas, inteligentes y capaces, entonces, como hijas de Dios, nos perderemos de vivir para la gloria de Dios, experimentar Su verdadero amor y ser transformadas a la imagen de Cristo.
Hemos aprendido lo que la mujer debe derribar, lo que debe dominar (pensamientos, lengua y pasiones), ahora meditemos en el sentimiento más profundo del ser de una mujer: amar. En el lenguaje bíblico amar no es meramente un sentimiento, pero puede ser una pasión que devora con maldad lo que tiene frente porque no recibe lo que quiere, o que hace de una persona su objeto de adoración. Pero Dios nos pregunta: ¿me amas? Y nos exhorta a amarlo.
¿A quién amas más?
Dios ama a Su pueblo; los ama porque en ellos muestra Su gloria. Lo ama porque son Su creación y Su precioso tesoro. Su amor es inamovible, no falla porque no está enraizado en las obras de Su pueblo, sino en quién es Él: Dios es amor (1Jn 4:7-9).

Sin embargo, Israel, así como nosotras, mostró no comprender Su amor ni recibirlo para ser transformados por Él. Dios dice: “Este pueblo dice que me ama, pero no me obedece; me rinde culto, pero no es sincero ni lo hace de corazón” (Is 29:12 TLA). Y Jesús lo reiteró cuando se refirió a los fariseos (Mt 15:8-9).
Así como este pueblo, nosotras nos amamos más a nosotras mismas que al Señor. Hazte un examen: ¿en quién piensas más? ¿Qué haces cuando no recibes lo que deseas? ¿Cómo te sientes cuando te dicen: “Debes sujetarte a tu esposo”? Cuándo algo no te parece y no te dan la razón, ¿cómo reaccionas? ¿Piensas más en tu comodidad, tus deseos o tu justicia frente a una situación? ¿Te justificas ante tu pecado? Las respuestas a estas preguntas te dan una idea de que todas pensamos más en nosotras porque en realidad nos amamos más a nosotras.

Mujer, ¿me amas?
Dios lo sabe todo y conoce todo de nosotras. Él sabe quién es tu primer amor; y a pesar de eso, Él dice: “Yo sanaré su apostasía, los amaré generosamente, pues Mi ira se ha apartado de ellos” (Os 14.4).
El amor no es un mero sentimiento romántico, es una Persona: Dios. Su amor nos salvó al enviar a Su Hijo Jesucristo para que podamos amarlo y disfrutar de una relación con Él. Dejar nuestra vieja forma de vivir, despojarnos de nuestros pecados, no es para tener una apariencia externa cristiana, es para que podamos amarlo como Él es digno de ser amado: con toda nuestra alma, con todo nuestro ser, con toda nuestra mente y con todas nuestras fuerzas (Mt 22:37-39).

Mujer, ¿amas a Dios? Las mujeres aman con amor sacrificial en su tierna manera de ser, no se aman a sí mismas primero en su conmiserada forma de ser. No has notado que las mujeres demandamos amor de otros, pero no siempre estamos dispuestas a darlo. Algunas mujeres, dicen: yo he amado suficiente, le he entregado toda mi vida. La realidad es que si escudriñamos nuestro corazón, siempre amamos esperando recibir. Y lastimosamente, esa demanda la trasladamos a Dios sin percatarnos que Él ya nos amó primero, pero que Su amor está acompañado de la verdad de quién es Él y de quien somos nosotras.
Mujer, ¿amas a Dios? No podemos amarlo perfectamente en este mundo, pero podemos empezar a amarlo como Él es digno porque Cristo nos ha llevado al Padre y Su Espíritu nos capacita para amarlo con obediencia activa, con adoración constante y con un despojo de nuestra vieja vida para adoptar la nueva en el poder de Él. ¿No son estas buenas noticias? Lo son, y lo son para todos los días.

Persevera
Así que, amada mujer empieza por examinar tu corazón, ¿por qué haces lo que haces? Y renueva tu mente con la Palabra. Puedes meditar en Filipenses 2:3-4: “No hagan nada por egoísmo o por vanagloria, sino que con actitud humilde cada uno de ustedes considere al otro como más importante que a sí mismo, no buscando cada uno sus propios intereses, sino más bien los intereses de los demás”.
O en Santiago 3:13-18: “¿Quién es sabio y entendido entre ustedes? Que muestre por su buena conducta sus obras en sabia mansedumbre. Pero si tienen celos amargos y ambición personal en su corazón, no sean arrogantes y mientan así contra la verdad. Esta sabiduría no es la que viene de lo alto, sino que es terrenal, natural, diabólica. Porque donde hay celos y ambición personal, allí hay confusión y toda cosa mala. Pero la sabiduría de lo alto es primeramente pura, después pacífica, amable, condescendiente, llena de misericordia y de buenos frutos, sin vacilación, sin hipocresía. Y la semilla cuyo fruto es la justicia se siembra en paz por aquellos que hacen la paz”.
O en Proverbios 10:19: “En las muchas palabras, la transgresión es inevitable, pero el que refrena sus labios es prudente”. O en Proverbios 15:1: “La suave respuesta aparta el furor, pero la palabra hiriente hace subir la ira”. O en 1 Timoteo 2:9-10: “…que las mujeres se vistan con ropa decorosa, con pudor y modestia, no con peinado ostentoso, no con oro, o perlas, o vestidos costosos, sino con buenas obras, como corresponde a las mujeres que profesan la piedad”.
¿Cómo perseveras? Viendo a tu objeto de amor: Cristo. Sujetándote a la cruz para confesar tus pecados sabiendo que Él te perdona y te limpia de toda maldad. Aferrándote a la verdad que Dios es amor, y que Su amor es activo, transformándote cada día para ser lo que Él te ha llamado a ser: Su hija por toda la eternidad. Entonces, ¿amarás a Dios por sobre todo?