El camino hacia la verdadera intimidad con Dios

Cualquiera que sea la causa de nuestro anhelo, el Espíritu despierta en nosotros un deseo que viene de Dios.
Foto: Unsplash

Conocer a Dios íntimamente no requiere rituales complejos ni experiencias místicas inalcanzables. ¿Cuál es el camino entonces?

En lo profundo del corazón de cada verdadero discípulo de Jesús hay un anhelo profundo por más de Dios. Pero ¿qué es ese más que deseamos? Es posible que cada uno describa su deseo de manera algo diferente, dependiendo de cómo este anhelo se filtre por medio de nuestra biología, historia e influencias teológicas. Hasta cierto punto, ninguno de nosotros tiene palabras para explicarlo. Pero en el fondo, lo que deseamos es conocer realmente a Dios; conocerlo de las formas íntimas en que solo el amor conoce.  

Y tenemos este deseo porque, por la inefable gracia de Dios hacia nosotros en Cristo (Ef 2:8-9), Él nos conoció y nos amó primero (1Co 8:3; 1Jn 4:19). Es Su gran deseo, uno que expresa en la promesa de la gran profecía de Jeremías (citado íntegramente en Hebreos 8):  

“Porque este es el pacto que haré con la casa de Israel después de aquellos días”, declara el Señor. “Pondré Mi ley dentro de ellos, y sobre sus corazones la escribiré. Entonces Yo seré su Dios y ellos serán Mi pueblo. No tendrán que enseñar más cada uno a su prójimo y cada cual a su hermano, diciéndole: ‘Conoce al Señor’, porque todos me conocerán, desde el más pequeño de ellos hasta el más grande”, declara el Señor, “pues perdonaré su maldad, y no recordaré más su pecado” (Jer 31:33-34).  

En el corazón del nuevo pacto está el gran deseo de Dios de que todos “me conocerán”.  

El nuevo pacto tiene una promesa central: conocer verdaderamente a Dios. / Foto: Lightstock

Conocidos por amor

No necesitas saber hebreo (o griego) para discernir el conocimiento que Dios desea. Es el conocimiento de la intimidad relacional, de una amistad profunda; el tipo de conocimiento que solo el amor conoce. Porque conocer verdaderamente a Dios es amar a Dios.

El papel del amor al conocer íntimamente a alguien es profundo. Por un lado, no podemos amar íntimamente a alguien a quien no conocemos; por tanto, el conocimiento debe preceder al amor. Pero, por otro lado, el amor profundo de una amistad íntima es la puerta a un conocimiento aún más profundo del amado, porque los amigos íntimos se confían el uno al otro y, por tanto, se revelan más de sí mismos entre sí. Así, hay un conocimiento íntimo accesible solo por medio del amor profundo que resulta de y produce una confianza aún más profunda.

El conocimiento más profundo de Dios nace de una relación de amor con Él. / Foto: Lightstock

Vemos una ilustración de esta dinámica en acción al final de Juan 6, cuando, como resultado de oír a Jesús decir cosas que sonaban ofensivas, “[un grupo más amplio] de Sus discípulos se apartaron y ya no andaban con Él” (Jn 6:66). Pero los doce no lo dejaron. ¿Por qué? Porque, para usar las palabras de Pedro, ellos habían “creído y sabido” que Él era “el Santo de Dios” (Jn 6:69).

Para once de ellos, este conocimiento no era meramente intelectual; habían llegado a amarlo y a confiar en Él, incluso cuando los confundía. Y porque confiaban en Él, Jesús les reveló a ellos “los misterios del reino de Dios” que no reveló a otros (Lc 8:10). Conocer realmente a Jesús era amar realmente a Jesús, lo cual era la puerta para conocer más a Jesús. Esto es a lo que Jesús se refiere cuando más tarde les dice:

El que tiene Mis mandamientos y los guarda, ese es el que me ama; y el que me ama será amado por Mi Padre; y Yo lo amaré y me manifestaré a él (Jn 14:21).  

Conocer a Jesús no es solo entender quién es, sino amarlo, confiar en Él y seguirlo. / Foto: Unsplash

El camino es sencillo

Nota la sencillez de esas palabras: Jesús Se manifestará a Sí mismo a quienquiera que lo ame. Y dos oraciones más adelante, dice: “Si alguien Me ama, guardará Mi palabra; y Mi Padre lo amará, y vendremos a él, y haremos con él morada” (Jn 14:23). Si amamos a Jesús, tanto el Padre como el Hijo Se manifestarán a nosotros por medio del “Espíritu de verdad” que “mora con” nosotros (Jn 14:17).

Estas son promesas preciosas y muy grandes (2P 1:4). La manera de conocer íntimamente al Dios trino, de experimentar la comunión relacional prometida en el nuevo pacto, no es compleja. Jesús nos llama a guardar Sus mandamientos, o guardar Su palabra, que es esencialmente lo que quiere decir cuando dice: “Crean en Dios, crean también en Mí” (Jn 14:1). Jesús no nos da una lista de rituales, rigores ascéticos, requisitos detallados de oración, largas peregrinaciones, prácticas de meditación o instrucciones para crear entornos estéticos especiales para experimentar comunión con Él y con el Padre a través del Espíritu. El camino es sencillo: “Crean en Mí”.

La comunión con Dios no depende de rituales, sino de creer en Cristo y guardar su palabra. / Foto: Lightstock

El camino es difícil

El camino puede ser sencillo de entender, pero, como Jesús dice en otro lugar: “Estrecha es la puerta y angosta la senda que lleva a la vida” (Mt 7:14). La complejidad y la dificultad para nosotros no provienen del camino en sí, sino del mal que enfrentamos: el mal interno de nuestra incredulidad o “poca fe” (Mt 17:20), combinado con los efectos del pecado que aún mora en nuestros miembros (Ro 7:21-23), y el mal externo que existe en un mundo que “está bajo el poder del maligno” (1Jn 5:19). Aprender a superar los obstáculos que nos presentan nuestra carne infectada por el pecado y el mundo lleno del diablo (1Jn 2:16) es, de hecho, muy difícil.

Pero el camino para conocer, amar y confiar en Dios más profundamente es perseverar fielmente por medio de las grandes dificultades y recibir la gracia del perdón de Dios cuando fallamos (1Jn 1:9), pues Dios utiliza estas dificultades como oportunidades para manifestar más dimensiones de Sí mismo a nosotros. Mediante las tribulaciones, experimentamos que Jesús ha vencido al mundo (Jn 16:33), que Su gracia es suficiente en nuestra debilidad (2Co 12:9) y que Él “puede hacer que toda gracia abunde para ustedes, a fin de que teniendo siempre todo lo suficiente en todas las cosas, abunden para toda buena obra” (2Co 9:8). Llegamos a conocer más de Él.

El camino para conocer más a Dios pasa por la perseverancia en medio de las pruebas. / Foto: Unsplash

Por medio de este camino difícil que lleva a la vida, también nos encontramos repetidamente con la realidad de que Dios es fiel a Su palabra “viva y eficaz” (Heb 4:12). Y descubrimos que la realidad que estamos encontrando no es simplemente un conjunto de proposiciones, sino una Persona: Jesús, quien es el Verbo vivo (Jn 1:1). Descubrimos, de hecho, que Jesús es el camino que lleva a Él, la vida (Jn 14:6). Y cuando se trata de nuestra búsqueda práctica de Dios, descubrimos que el Señor se revela a nosotros más a menudo y más profundamente “por la palabra del Señor” (1S 3:21).

Para los que quieren más

Es posible que esto te parezca decepcionante, como si el secreto de la intimidad con Dios fuera simplemente “lee más tu Biblia”. Porque lo que anhelas es algo más. Quieres estar cerca de Dios y encontrarlo de manera más personal de lo que pareces experimentar cuando lees tu Biblia o escuchas la Palabra de Dios predicada, enseñada y discutida. Si es así, tu decepción podría deberse a una o a todas las siguientes posibilidades.

Si anhelas conocer más a Dios, no desprecies el lugar donde Él promete revelarse: su Palabra. / Foto: Unsplash

Primero, es posible que tu exposición a la Palabra de Dios haya superado tu obediencia a ella. Un conocimiento familiar y preciso de la Palabra de Dios es tan bueno como la creencia en ella que determina tu comportamiento. Jesús les dijo esto a algunos de los lectores más frecuentes de la Biblia de Su tiempo: “Ustedes examinan las Escrituras porque piensan tener en ellas la vida eterna. ¡Y son ellas las que dan testimonio de Mí! Pero ustedes no quieren venir a Mí para que tengan esa vida” (Jn 5:39-40). Jesús Se revela íntimamente solo a aquellos que guardan Su Palabra. Vale la pena hacer un examen en oración.

Segundo, es posible que tengas una idea errónea de cómo debería sentirse la intimidad con Dios, lo cual ha dado lugar a expectativas basadas en una especie de fantasía, no muy diferente de las expectativas irreales que podemos llevar al amor romántico o a las amistades humanas profundas. Recuerda que nuestros matrimonios más íntimos y nuestras amistades más cercanas suelen ser el resultado de unas pocas experiencias intensas que interrumpen de vez en cuando muchos momentos ordinarios que construyen la confianza y profundizan el amor.

Tercero, es posible que pensemos que la Palabra del Señor es un pobre sustituto de la presencia personal manifiesta del Señor. Y, por supuesto, eso es verdad en cierto sentido. Pero piensa en lo que hace que tus amigos más íntimos y presentes sean tan significativos. En última instancia, las palabras por medio de las cuales se revelan el uno al otro en confianza mutua, junto con las promesas que cumplen fielmente, crean la intimidad que disfrutas. Así es con Dios.

La intimidad con Dios se fortalece en la obediencia diaria, no solo en experiencias extraordinarias. / Foto: Lightstock

Ahora conocemos en parte

Pero también es posible que tu anhelo por más sea tu anhelo inconsolable de estar con tu Amado, el anhelo que experimentan todos los verdaderos discípulos de Jesús. Has llegado a conocer a Jesús, a amarlo y a confiar en Él, pero eres consciente, y a veces dolorosamente, de que las maravillosas revelaciones que Dios te ha hecho son como una gota del océano de gozo en el que algún día nadarás (Sal 16:11). Eres consciente de que ahora solo ves “por un espejo, veladamente” lo que Él te ha revelado; que ahora conoces solo en parte, pero después conocerás plenamente, “como [has] sido conocido” (1Co 13:12). Hay una parte de ti que está cansada de la fase de desposorio de tu relación con Jesús, y anhelas la boda, cuando el matrimonio pleno sea finalmente consumado.

Para la mayoría de nosotros, nuestro descontento con nuestro nivel actual de intimidad con Dios proviene de una mezcla de lo anterior: lentitud para obedecer, conceptos erróneos de lo que conduce a nuestra intimidad deseada y un anhelo que se hará realidad solo cuando finalmente veamos a nuestro Amado cara a cara. Pero todas estas causas son motivos de gran esperanza porque todas apuntan al hecho de que realmente hay más. Hay más de Dios que conocer, más de Dios que amar y más formas en que podemos profundizar nuestra confianza e intimidad con Él al guardar fielmente Su Palabra.

Cualquiera que sea la causa de nuestro anhelo, el Espíritu está despertando en nosotros un deseo que proviene de Dios. Porque es Su gran deseo, el corazón mismo del nuevo pacto, que todos lo conozcamos realmente. Y algún día, quizás más pronto de lo que pensamos, Dios llevará a cabo Su preciosa y muy grande promesa:

No tendrán que enseñar más cada uno a su prójimo y cada cual a su hermano, diciéndole: “Conoce al Señor”, porque todos me conocerán, desde el más pequeño de ellos hasta el más grande (Jer 31:34).

Mientras tanto: “Conozcamos, pues, esforcémonos por conocer al Señor” (Os 6:3).  


Publicado originalmente en Desiring God.

Apoya a nuestra causa

Esperamos que este artículo te haya sido útil. Antes de que saltes a la próxima página, queremos preguntarte si considerarías apoyar la misión de Volvamos al evangelio.

Desde el año 2013 hemos trabajado para servir a la iglesia de habla hispana publicando recursos que apuntan a Cristo y a la verdad de las Escrituras. Nuestro deseo ha sido ayudar a personas como tú a conocer y amar más a Cristo, Su Palabra y Su iglesia. Y queremos continuar proveyendo recursos para tu crecimiento y edificación en la fe.

Volvamos al evangelio siempre ha sido sin fines de lucro y depende de lectores como tú. ¿Considerarías apoyarnos? ¿Cuánto gastas en un café o en un refresco? Con ese tipo de compromiso mensual, nos ayudarás a seguir sirviendo —a ti y a la iglesia del mundo hispanohablante—. ¡Gracias por considerarlo!

En Cristo,

Equipo de Volvamos al Evangelio

¿Mi donación es segura?
¿Mi donación es deducible de impuestos?
¿Puedo cancelar mi donación recurrente?

Jon Bloom

Jon sirve como autor, presidente de la junta y cofundador de Desiring God. Es autor de tres libros, “Not by Sight”, “Things Not Seen” y “Don’t Follow Your Heart”. Él y su esposa tienen cinco hijos y viven en Minneapolis–Saint Paul.

Artículos por categoría

Artículos relacionados

Artículos por autor

Artículos del mismo autor

Artículos recientes

Te recomendamos estos artículos

Siempre en contacto

Recursos en tu correo electrónico

¿Quieres recibir todo el contenido de Volvamos al evangelio en tu correo electrónico y enterarte de los proyectos en los que estamos trabajando?

.