Tu primer sermón: consejos para un nuevo predicador

¿Te han invitado a predicar y es la primera vez que lo haces? Estas recomendaciones te ayudarán.

Me entusiasma y me anima mucho saber que tienes la oportunidad de predicar este domingo. Y, francamente, no me sorprende; he visto con qué seriedad has tomado tu fe, con qué fidelidad te has entregado a la Palabra y cómo has crecido en tu capacidad de comunicar. Los pastores deben notar a los jóvenes que hacen estas cosas.

Pediste algunos consejos rápidos para preparar tu primer sermón. Aquí tienes algunos que se me ocurren.

Ten ánimo

Ten ánimo al saber que un pastor con más experiencia ve en ti la capacidad y el carácter de un hombre que puede ser digno de la tarea de predicar. Alégrate de que él te esté dando esta oportunidad. No es poca cosa que un pastor pida a alguien más que ocupe su púlpito, así que no tomes esta oportunidad a la ligera.

Sé humilde

Ten ánimo pero también sé humilde. Muchos hombres son invitados a predicar solo una o dos veces antes de demostrar, por falta de carácter, de preparación o de habilidad, que no son dignos de la tarea. Por eso, sé humilde. Recibe la invitación con humildad y aborda la tarea con humildad.

Acepta la oportunidad de servir al predicar con gratitud, prepárate bien y hazlo con humildad, porque el carácter vale más que el talento. / Foto: Lightstock

Ora mucho

Nunca se puede orar demasiado en el proceso de preparación de un sermón. De hecho, para cuando llegue el domingo por la mañana, probablemente te encontrarás pidiéndole a Dios que te perdone por no haber orado más. Hagas lo que hagas, asegúrate de encomendar esta oportunidad al Señor. Ora al comenzar a buscar un texto, ora al empezar a estudiarlo, ora al escribir tus primeras palabras, ora al terminar las últimas, ora mientras te preparas para dar el sermón y ora después de haber predicado.

Mantenlo sencillo

No intentes hacer demasiado en tu primer sermón (ni en los primeros veinte). Márcate como objetivo que, al final del sermón, las personas que lo escuchen entiendan mejor el texto y sepan cómo se aplica a sus vidas. En la medida de lo posible, predica un sermón sencillo en lugar de uno sofisticado. Ese es un buen objetivo para tu primer sermón y, probablemente, para cada sermón posterior. Mantenlo sencillo.

No busques impresionar, busca ser claro. Predica con sencillez para que todos entiendan el texto y sepan cómo vivirlo. / Foto: Lightstock

Comienza con el texto

Creo que el mejor lugar para empezar es solo con tu texto, sin Biblias de estudio, comentarios u otras herramientas. Imprime una copia limpia del texto o escríbelo a mano. Comienza tu estudio solo con esa copia y estúdiala cuidadosamente. Busca el método OIA (observación, interpretación y aplicación) si necesitas un punto de partida.

Sé tú mismo

Uno de los grandes desafíos (y placeres) de los primeros sermones es descubrir quién eres como predicador. Es encontrar tu voz y tu estilo únicos. Es importante que, en la medida de lo posible, intentes ser tú mismo en lugar de imitar a tu predicador famoso favorito o incluso al predicador de tu iglesia local. ¡Asegúrate de que el sermón suene a ti y no a otra persona!

Luego predica con tu propia voz, sin imitar a nadie, siendo fiel al texto y fiel a quien eres. / Foto: Lightstock

Predica un texto, no un tema

Creo que en estos primeros días es mucho mejor y más fácil predicar un texto que un tema. La belleza de predicar un texto es que define los “límites” del sermón. Te obliga a trabajar duro para entender, explicar y aplicar un texto en particular en lugar de permitirte deambular por toda la Biblia. Quizás podrías predicar una historia: Hechos 12:1-19 es un gran lugar para comenzar, o la parábola de la oveja perdida, o Jesús liberando al endemoniado geraseno. En la medida de lo posible, busca un texto que no exija explicar mucho contexto antes de poder exponerlo. Asegúrate de predicar el texto y no una idea dentro del texto.

Prepara un manuscrito

Creo que a la mayoría de los predicadores jóvenes les va mejor si preparan un manuscrito completo y luego predican basándose en él. Crear un manuscrito te obliga a pulir cada palabra y cada punto; te obliga a saber exactamente lo que vas a decir. También evita que hables sin rumbo o que te pierdas durante la entrega. En lo posible, prepara ese manuscrito como si estuvieras hablando y no solo escribiendo. En otras palabras, intenta capturar una voz hablada en lugar de una voz escrita. Personalmente, lo hago diciendo las palabras en voz alta mientras las escribo.

Crear un manuscrito te obliga a pulir cada palabra y cada punto; te obliga a saber exactamente lo que vas a decir. / Foto: Lightstock

Comienza con valentía

Es probable que te sientas incómodo al subir al púlpito por primera vez. La tentación puede ser decir algo trivial o contar un chiste. No lo hagas. Planifica tus primeras palabras, asegúrate de que sean significativas y empieza exactamente con ellas. Considera decir: “Por favor, oren conmigo”, o: “Por favor, abran sus Biblias en…”. Desvía deliberadamente la atención de ti mismo hacia el Señor.

Busca retroalimentación

Si es posible, busca a algunas personas que escuchen un borrador de tu sermón el viernes o el sábado y te den su opinión antes de predicarlo (o, en su defecto, que lean el manuscrito). La semana siguiente, busca a personas que hayan escuchado el sermón el domingo y estén dispuestas a darte uno o dos puntos de retroalimentación. Quizás podrías pedirles específicamente una o dos áreas en las que lo hiciste bien y una o dos en las que podrías mejorar. La próxima vez que prediques, elige una cosa en la que trabajar y concéntrate en ella. Cada vez que prediques después de eso, elige una cosa más para mejorar. Ponte metas limitadas pero realistas para mejorar tu habilidad.

Busca a algunas personas que escuchen un borrador de tu sermón el viernes o el sábado y te den su opinión antes de predicarlo. / Foto: Lightstock

Sé humilde

Sí, ya lo dije, pero lo diré de nuevo. Después del sermón, inevitablemente enfrentarás la tentación del orgullo. Si las cosas salen bien, te sentirás tentado a enorgullecerte de tu capacidad; si las cosas no salen tan bien, te sentirás tentado a hundirte en la miseria. En ambos casos, estarás lidiando con el orgullo. Toma Lucas 17:10 como tu oración después de haber predicado: “Así también ustedes, cuando hayan hecho todo lo que se les ha ordenado, digan: ‘Siervos inútiles somos; hemos hecho solo lo que debíamos haber hecho’” (Lc 17:10). Cumple tu deber ante el Señor como un siervo que no es digno de la gran tarea de predicar, y deja los resultados en Sus manos.

Estas son solo algunas pautas que me gusta transmitir a los nuevos predicadores. Considera las que te resulten útiles, ignora las que no y ponte manos a la obra con tus preparativos. Mientras tanto, estaré orando para que Dios te bendiga y bendiga a Su iglesia a través de ti.


Publicado originalmente en Challies.

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Tim Challies

Tim Challies es uno de los blogueros cristianos más leídos en los Estados Unidos y cuyo BLOG ( challies.com ) ha publicado contenido de sana doctrina por más de 7000 días consecutivos. Tim es esposo de Aileen, padre de dos niñas adolescentes y un hijo que espera en el cielo. Adora y sirve como pastor en la Iglesia Grace Fellowship en Toronto, Ontario, donde principalmente trabaja con mentoría y discipulado.

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