De todas las disciplinas cristianas, creo que la meditación es la menos practicada, aunque supongo que el ayuno puede tener algo que decir al respecto. La mayoría de la gente saca tiempo para leer la Biblia y orar. Y aunque la mayoría de la gente tiene buenas intenciones cuando se trata de la meditación, a veces parece quedar relegada. Después de todo, la vida es ajetreada, el mundo es ruidoso y la meditación es un reto.
Me pregunto si parte del problema es que hemos hecho la meditación muy complicada. Me pregunto si la hemos hecho demasiado abstracta, demasiado inactiva y quizás demasiado solitaria.
¿Qué es la meditación?
La meditación es reflexionar las palabras de la Biblia con el objetivo de comprenderlas mejor y aplicarlas con mayor agudeza. Idealmente, la meditación nos lleva a comprender las palabras que hemos leído y a saber cómo Dios puede llamarnos a ponerlas en práctica en nuestras vidas. Es una de las formas en que producimos sabiduría después de adquirir conocimiento.

La mayoría de las veces asociamos la meditación con la soledad y el silencio: sentarse en silencio y a solas con una Biblia abierta mientras reflexionamos en oración sobre las palabras que estamos leyendo. No se trata de la meditación de repetición de mantras o de vaciar la mente de las religiones orientales, sino de la meditación de las Escrituras, como el rey David, escribió: “En Tus mandamientos meditaré; consideraré Tus caminos. Me regocijaré en Tus estatutos; no me olvidaré de Tus palabras” (Sal 119:15-16).

¿Cuál es el objetivo de la meditación?
El objetivo es la sabiduría, la sabiduría que se manifiesta en la vida del cristiano. Por tanto, reflexionamos sobre la información bíblica (palabras, versículos, capítulos) y tratamos de adquirir sabiduría (comprensión, carácter, acción). La meditación es un puente crucial que une la Palabra de la página y la Palabra escrita en el corazón y actuada a través de las manos, los pies y los labios.

¿Cuál es la mejor forma de meditar?
Ese es un objetivo maravilloso y necesario, pero no es un objetivo que pueda alcanzarse únicamente por medio de la soledad silenciosa. Muchos han descubierto que meditan mejor cuando tienen un bolígrafo en la mano y escriben en un diario, un diario que registra sus pensamientos a medida que pasan de ser vagos a precisos, de la información general al conocimiento específico. Muchos han descubierto que meditan mejor cuando se sientan con amigos o con su cónyuge y hablan sobre lo que han estado leyendo juntos o quizás discuten las preguntas que se les han planteado en un sermón. Muchos han descubierto que sus mentes se concentran mejor cuando sus dedos se posan sobre un teclado y pueden ver el progreso de sus mentes y corazones en la pantalla.

En todos los casos, el objetivo es el mismo y solo difieren los medios. En otras palabras, hay diversas maneras de hacer que las verdades de la Biblia calen más hondo en el corazón humano y diferentes maneras de incitar a las personas al amor y a las buenas acciones. Yo diría que más importante que la forma de hacerlo, es el hecho de que se haga. Somos personas diferentes, con personalidades diferentes y puntos fuertes y débiles diferentes. Venimos de entornos diferentes y vivimos en circunstancias diferentes. Tenemos diferentes habilidades y diferente experiencia cristiana. Sin embargo, tenemos el mismo objetivo: comprender y aplicar, es decir, leer lo que dice la Biblia, saber lo que significa y vivirlo.

Ahora bien, estoy de acuerdo en que probablemente sea mejor que haya algún elemento de silencio y soledad en la vida de todo cristiano, algún elemento de quietud ante el Señor fuera del ajetreo y el bullicio de la vida cotidiana. Pero también quiero afirmar que este no es el único medio a través del cual podemos meditar en Su Palabra y ver un crecimiento en sabiduría y obediencia. Ya sea escribiendo en un diario o leyendo un devocional, ya sea hablando deliberadamente con amigos o sentándonos en silencio ante el Señor, el objetivo es el mismo, y sin duda Dios se complace en bendecirlo.
Publicado originalmente en Challies.