¡Madre, despierta!

El sexting pone en evidencia la presión que nuestros jóvenes reciben, en un mundo que ha mal utilizado la sexualidad.
foto: Pexels

Al principio era una computadora con internet, para “navegar” en sitios de la web y enviar correos electrónicos. Luego aparecieron los primeros teléfonos inteligentes. Con el salto de milenio llegó la segunda generación de redes sociales y aprendimos a compartir retazos de nuestra vida mediante imágenes. En el 2007 llegó el iPhone y aquel teléfono “inteligente” transformó la manera cómo nos relacionamos con otras personas.

En estudios recientes, de UNICEF, se publicó que el 83 por ciento de los menores de edad obtienen su primer teléfono para uso personal a los 9 años.[1] En sus inicios, las redes sociales establecieron que la edad mínima para abrir una cuenta era 13 años, pero muchos niños abren cuentas desde mucho antes. Y como resultado, los jóvenes tienen amplios intercambios de comunicación. Al punto que hoy, hasta el 40 por ciento de los adolescentes en Latinoamérica participan en sexting.[2]

¿Qué es el sexting?

Es el intercambio de imágenes sexuales que se comparten principalmente a través de servicios de mensajería telefónica. Esto no es nuevo. Hace alrededor de trece años fui a una conferencia en la universidad en la que se habló de esta preocupante problemática entre los estudiantes. Al pasar el tiempo, se convirtió en un tema de adolescentes y, hoy, de niños.

Varones y niñas participan sin pensar en los daños y consecuencias de esta práctica, pues biológicamente, no tienen la madurez para tomar decisiones racionales. Ahí es donde, querida mamá, entras tú. Tú eres el instrumento diseñado por el Señor para instruir a tus hijos en este tema tan escabroso. Respira hondo, ármate de valor y navega las peligrosas aguas del sexting.

Hablar del sexting con tus hijos no es fácil, pero es necesario. Dios te ha dado el papel de guiarlos con amor, verdad y valentía. / Foto: Unsplash

Cuatro escenarios

Escenario 1. En la pubertad, es normal que se despierten deseos naturales dados por Dios para conocer a alguien del sexo opuesto, enamorarse y casarse algún día. Pero cuando no hay un entendimiento claro y saludable de la sexualidad bíblica, los niños y jóvenes pueden salirse muy fácilmente del plan de Dios. Motivados por la curiosidad propia de su edad, comparten imágenes íntimas con “alguien especial”.

Para una parejita de enamorados esto es una prueba de amor, un acto romántico. Piensan que, como técnicamente siguen siendo vírgenes, es una práctica aceptable de intimidad porque no están fornicando ni mirando pornografía, sino que queda entre ellos. Al pensar que están construyendo algo serio, los jóvenes comparten demasiado y muchos terminan con el corazón roto, a causa de una falsa intimidad “de microondas”.

Cuando no hay un entendimiento saludable de la sexualidad bíblica, los niños y jóvenes pueden salirse muy fácilmente del plan de Dios. / Foto: Envato Elements

Escenario 2. Y, ¡qué bueno sería que todos los casos se dieran en este escenario! Pero la realidad es que muchos participan en sexting por presión social entre sus compañeros y amigos: “Si me amas, mándame una foto de tu pack”, “¿te interesaría entrar a un chat de nudes para chicas?”, “¿a que no te atreves a enviarle/pedirle una foto a fulano?”, “si no reenvías la imagen de fulana, te expulsaré del equipo”, “si no me pagas semanalmente, le reenviaré tus fotos a tu familia” (quizás no comprendiste muchas de estas palabras o frases, pero te aseguro que tus hijos las conocen, y están expuesto a todo esto, por lo que, es bueno aprender sobre lo que ellos viven).

Aquí ya no estamos hablando de enamorados que pecan por imprudencia o ignorancia, sino de consumo de pornografía, cyberbullying (acoso por redes sociales) y sextorsión (extorsión usando imagenes o acontecimientos sexuales). Por amor adolescente, consumo de pornografía o cyberbulling y sextorsión, los jóvenes han normalizado el intercambio de imágenes y videos íntimos. Primero son incitados  a participar, luego se vuelve parte de su vida y algunos desarrollan adicción a la pornografía o generan un patrón de conducta agresivo.

muchos participan en sexting por presión social entre sus compañeros y amigos. / Foto: Envato Elements

Escenario 3. Un tercer escenario es el abuso. Quizás haya un lobo rondando, cortejando sutilmente a sus presas. Envuelto en falsos argumentos de amor o diversión, envía sus **** pics (imágenes íntimas sexuales) y pide a cambio un video de cuando él o ella se está bañando. Este lobo puede ser un pariente, amigo cercano o un miembro de la iglesia. Recuerda que 9 de cada 10 casos de abuso sexual son cometidos por alguien de confianza que pertenece al círculo cercano del menor.[3]

Escenario 4. El cuarto escenario es el del tráfico sexual. En todos los estratos socioeconómicos, puede haber alguien con una mala intención. La foto enviada a la pareja o “amigos”, se reenvía a un catálogo de pornografía infantil. O quizás el novio es realmente un intermediario o en el chat hay un tratante infiltrado. O el avatar de roblox es un reclutador. Sin saber, tus hijos entran a la industria de la explotación sexual.[4]

Aterrador ¿cierto? Estos escenarios son más comunes de lo que pensamos, incluso dentro de la iglesia evangélica. De nada sirve pensar “en mi casa y en mi iglesia no sucederá; a mis mis hijos nunca les llegará nada de esto”. Lo que el enemigo quiere es que nos encerremos en una burbuja de negación o temor, en vez de actuar con diligencia y valentía.

En ocasiones, la foto enviada a la pareja o “amigos”, se reenvía a un catálogo de pornografía infantil. Este es un escenario preocupante. / Foto: Envato Elements

¿Qué podemos hacer?

1. Habla de la sexualidad bíblica de forma continua. Una conversación a la vez, construye un ambiente donde este tema sea algo natural en tu casa. Considerando la edad y temperamento, háblales de todo lo positivo que la Biblia tiene que decir. Explica la hermosura de la integridad sexual, es decir, del diseño divino para el cuerpo humano, la soltería, el matrimonio y la intimidad sexual. Si les hablas solo de virginidad, sonarás legalista y dejarás demasiadas lagunas doctrinales (Dt 6:6-9).

2.  Habla de la desnudez. El macroambiente digital ha convencido a los jóvenes de que es beneficioso y hasta saludable entrar en actividad sexual de forma temprana. Que no tiene nada de malo. Pero el cerebro infantil/adolescente no está listo para procesar imágenes de desnudez. El Señor diseñó el cerebro para mirar y apreciar la desnudez en dos circunstancias simultáneas: (1) cuando el cerebro esté maduro y desarrollado, en la vida adulta y (2) dentro de un pacto matrimonial, en la relación diseñada para la intimidad genital.

Mirar la desnudez antes de tiempo no solo quebranta mandamientos bíblicos, sino que también, causa un impacto similar al trauma y poco a poco va a atrofiando el desarrollo del lóbulo frontal. Esta parte del cerebro se encarga de la toma de decisiones racionales, control de impulsos, planeación y resolución de problemas, si no se desarrolla bien, tendremos a jóvenes adultos que se siguen comportando como niños. Esto sucede frecuentemente entre los consumidores de cualquier tipo de pornografía (Lv 18; Gn 2:25; Cnt 5:1b; Pr 16:25).

Habla con tus hijos sobre la desnudez antes que el mundo lo haga. Solo la verdad de Dios puede proteger su mente y su corazón. / Foto: Envato Elements

3.   Habla del valor. El cuerpo es valioso, digno de ser respetado y protegido porque cada persona es portadora de la imagen de Dios. Exhibir el cuerpo es una falta de respeto para el Señor, para uno mismo y con los demás y, al hacerlo, minimizamos la grandeza de Su obra en nosotros. Es importante que se vean a sí mismos y a los demás como almas valiosas por las que Cristo murió, no como objetos baratos de intercambio (Gn 1:26-27; Sal 139:13-14; 1P 2:9; 1Co 6:20).

4.  Ama y acompaña. Una de las principales razones por las que entran en situaciones riesgosas, es el abandono emocional. Jóvenes solitarios, desligados de su familia, que escuchan a diario del amor de Dios pero no lo viven en casa. Aprende a conectar emocional e intelectualmente con ellos en cada edad a la que vayan entrando, sin caer en sobreprotección. Sé una mamá igual de cercana cuando son el “Pedro” que declara a Cristo el Hijo de Dios y cuando son el “Pedro” que niega a Jesús (Tit 2:4; 1Ti 5:8; Ro 15:14; Col 3:21; 1 Jn 3:18).

Ama y acompaña a tus hijos en cada etapa. Ellos necesitan sentir en casa el amor de Dios del que oyen en la iglesia. / Foto: Unsplash

5.  Dales una voz. Que sepan que pueden decir que no a la presión de sus compañeros; que si quieren denunciar o revelar un hecho o te piden ayuda ¡sí les vas a creer! Muchos jóvenes nunca hablan porque temen que los vayas a culpar, que los ignorarás o que te dará una crisis nerviosa. Y si hablan, levanta tu voz para ayudarlos (Pr 31 8-9; Stg 1:19; Ro 15:14).

6.  Habla con claridad acerca de la maldad, acerca de los lobos con piel de oveja, de cómo el enemigo ha tergiversado y pervertido la hermosa sexualidad de Dios, creada como algo bueno en gran manera. El trigo y la cizaña crecen juntos y la mayoría de las veces es difícil distinguir “quien es quien” (Mt 7:15; Hch 20:29; Mt 13:24-30).

Necesitamos ser valientes y hablarles con la verdad. ¡Ánimo, amiga, sí se puede prevenir! ¡Sí puedes ser instrumento de Dios para restaurar!


[1]  Unicef Argentina

[2] https://alternativas.me/actitud-ante-el-sexting-en-universitarios-mexicanos/

[3] https://e625.com/producto/13-mitos-sexo/

[4] https://www.protectmeproject.org/mision

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Michelle Espinoza de Mejía

Michelle Espinoza de Mejía

Michelle Espinoza de Mejía trabaja con jóvenes y adolescentes en su iglesia en México desde hace más de 20 años. Se ha capacitado con avidez en el tema de la sexualidad y le apasiona instruir a la juventud para que sea todo aquello que el Señor planeó. Es diseñadora con maestría en mercadotecnia y catedrática universitaria. Está casada desde hace 25 años y tiene 2 hijos.

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