La sabiduría rara vez te hace famoso

Aunque pase desapercibida, la sabiduría conduce a la vida, desenmascara la necedad y permanece firme porque se sostiene sobre la Palabra de Dios.
Foto: Unsplash

Conozco a muchos cristianos que quieren vivir sabiamente, y yo también. La rica tradición que impregna todo el Antiguo Testamento nos llama a encarnar el temor del Señor de una manera que nos transforme en personas sabias. Todo esto es maravilloso… cuando “funciona”. Es decir, cuando obtenemos el ascenso, ganamos respeto en la iglesia y recibimos la invitación para el podcast. Pero vivimos en un mundo caído, y tanto Eclesiastés como C. S. Lewis nos recuerdan los peligros sutiles de vivir en busca del reconocimiento y la alabanza. La sabiduría es una búsqueda noble y correcta, pero no debemos sorprendernos cuando no nos brinde reconocimiento ni prestigio.

En 1944, C. S. Lewis dio una conferencia en King’s College. La charla que dio a un grupo de jóvenes estudiantes universitarios se ha convertido en un famoso discurso titulado “The Inner Ring” [“El círculo íntimo”]. En él, Lewis afirma:

Creo que en la vida de todos los hombres, en ciertos períodos, y en la vida de muchos hombres en todos los períodos entre la infancia y la vejez extrema, uno de los elementos más dominantes es el deseo de estar dentro del círculo íntimo y el terror de quedarse fuera.

C.S. Lewis / Foto: Dominio público

En un destello de brillantez religiosa y psicológica, Lewis desentraña con una claridad cautivadora los profundos deseos del corazón humano de ser amado, incluido, considerado, escuchado y aceptado en los diversos “círculos íntimos” de nuestras vidas, desde los amigos, pasando por los compañeros de trabajo, hasta la política e incluso la iglesia. La tentación de vivir la vida esforzándonos por ser aceptados por nuestros pares o nuestra comunidad puede convertirse en un aspecto que lo controle todo en la vida. El deseo de pertenecer al círculo íntimo es real.

 Entonces, ¿qué propone Lewis como respuesta? Sabiduría y trabajo.

La búsqueda del círculo íntimo les romperá el corazón a menos que ustedes la rompan. Pero si la rompen, se producirá un resultado sorprendente. Si durante sus horas de trabajo hacen del trabajo su fin, pronto se encontrarán, sin darse cuenta, dentro del único círculo en su profesión que realmente importa. Serán uno de los artesanos competentes, y otros artesanos competentes lo sabrán.

El deseo de ser aceptados y pertenecer puede llegar a gobernar nuestra vida. / Foto: Unsplash

Lewis describe aquí el trabajo realizado con destreza y concentración. Este no es el camino de la autopromoción ni de las maniobras, sino el de la sabiduría y la destreza que merecen elogio. La muerte del deseo de estar en el círculo íntimo es buscar la destreza y la sabiduría con diligencia, y Eclesiastés 9 – 10 nos ayudan a ver por qué esto es necesario: la sabiduría rara vez hace famosa a una persona.

La sabiduría es mayor que la fuerza

Eclesiastés 9:13-18 cuenta una pequeña historia fascinante, aunque a veces pasada por alto, sobre un hombre pobre y sabio que salvó a una ciudad gracias a su sabiduría. Esta pequeña historia es una de mis favoritas del libro. Hay algo profundo y sorprendentemente realista en la justicia poética de que un gran rey, con sus imponentes máquinas de asedio, sea vencido por la destreza de un hombre pobre de un pequeño pueblo gracias a su sabiduría. En realidad, no hay forma de saber qué evento histórico está describiendo el Maestro, y no importa. El punto aquí es que la sabiduría tiene el poder de proteger y salvar. Y este es un punto sobre el que debemos reflexionar: ¿Creemos que la verdadera sabiduría puede proteger y salvar? Vivimos en una cultura llena de necios que gritan (Ec 9:17), pero ¿creemos que la sabiduría es más grande que el volumen? La sabiduría no cree que el fin justifique los medios, sino que la forma en que vivimos da forma al fin: el camino de la sabiduría conduce a la vida y a la liberación.

La sabiduría puede lograr lo que la fuerza no consigue. / Foto: Unsplash

Al anciano de la historia no se le celebra ni se le recuerda (aparte de este relato en Eclesiastés). No se convirtió en gobernante, su nombre no pasó a la posteridad y no se le erigió una estatua en conmemoración de su logro. Una de las ideas principales de estos versículos es que, en un mundo caído, no debemos esperar que se celebre la sabiduría. Pero ¿esta falta de reconocimiento hace que los esfuerzos sean en vano? ¡No, él salvó a la ciudad! Pero no recibió alabanzas, gloria ni honores. Vivimos en una cultura que considera supremas las demostraciones de poder y la agresión, y la sabiduría como una pérdida de tiempo. La sabiduría es, en efecto, mayor que el poder, pero no esperes que los poderosos lo admitan. La sutileza de la sabiduría es su propia recompensa, y los sabios lo saben.

La necedad es poderosa

El Maestro de Eclesiastés nos enseña que otra razón por la que la sabiduría no siempre recibe el reconocimiento que merece es porque la necedad puede habitar en las altas esferas (Ec 10:5). En Eclesiastés 10:1-11, el Maestro sostiene que, si bien la sabiduría puede salvar y es verdaderamente más poderosa que las armas de guerra, la necedad también tiene su propia capacidad para arruinar las cosas, ¡como una mosca muerta en el perfume!

Eclesiastés recuerda que un solo acto de insensatez puede echar a perder mucho bien. / Foto: Unsplash

Esto es cierto, ¿no? ¿Cuántos titulares hemos leído en los que una vida de buenas obras quedó destruida por unos pocos momentos de necedad? Cuarenta años de una carrera virtuosa pueden terminar por una sola decisión ilegal. Las decisiones necias tienen consecuencias poderosas.

Pero la necedad no solo tiene poder por sus consecuencias; también es poderosa por su capacidad para engañar. Eclesiastés 10:3 describe a una persona que camina, carece de sentido común y les dice a todos que es un necio. El pasaje es un poco ambiguo, pero la idea es que, ya sea por medio de sus propias palabras o sus acciones, revela a todos quienes lo rodean que es un necio. El gran poder y la ironía de la necedad es que, con mucha frecuencia, pasa desapercibida para quienes la exhiben con más orgullo.

Las decisiones necias tienen consecuencias poderosas. / Foto: Unsplash

En nuestra cultura actual, que valora el poder, la fuerza, el impacto y el control, no creas que, solo porque la necedad se encuentra en las altas esferas, es permisible, o inofensiva. El Maestro explica que destruirá una vida… y que un poco basta para causar mucho daño. No hay pecado más allá de la gracia y el poder perdonador del evangelio, pero si hablas con cualquier cristiano de larga trayectoria, te dirá que ser perdonado no significa que las consecuencias y los recuerdos del pecado desaparezcan. La sabiduría reconoce el poder de la necedad y la contrarresta con un profundo deseo de caminar por los senderos de la sabiduría.

Busca a Jesús, no al círculo íntimo

Al estilo de Eclesiastés, Lewis advierte sobre la vanidad de buscar el reconocimiento del círculo íntimo:

Mientras te dejes llevar por ese deseo, nunca conseguirás lo que quieres. Es como si intentaras pelar una cebolla: si lo logras, no quedará nada. Hasta que no superes el miedo a ser un forastero, seguirás siendo un forastero.

La sabiduría no vive por el círculo íntimo, sino por algo más sustancial. / Foto: Unsplash

En Eclesiastés, los necios desean lo que no pueden tener. Al negarse a reconocer lo temporal de este mundo, buscan la plenitud definitiva en cosas que no pueden dársela. En la analogía de Lewis, los necios pasan sus vidas pelando cebollas, solo para encontrarse al final con las manos vacías.

La sabiduría no vive por el círculo íntimo, sino por algo más sustancial. Eclesiastés nos explica el poder de la sabiduría y la alabanza desproporcionada que recibe en este mundo. Pero, al igual que el Maestro de la sabiduría del Antiguo Testamento, nuestro Señor Jesús también nos llama a un camino de sabiduría y virtud que con frecuencia no se celebra en esta vida. En el Sermón del Monte, Jesús nos dice:

Por tanto, cualquiera que oye estas palabras Mías y las pone en práctica, será semejante a un hombre sabio que edificó su casa sobre la roca; y cayó la lluvia, vinieron los torrentes, soplaron los vientos y azotaron aquella casa; pero no se cayó, porque había sido fundada sobre la roca. Todo el que oye estas palabras Mías y no las pone en práctica, será semejante a un hombre insensato que edificó su casa sobre la arena; y cayó la lluvia, vinieron los torrentes, soplaron los vientos y azotaron aquella casa; y cayó, y grande fue su destrucción (Mt 7:24-27).

La sabiduría reconoce el poder de la necedad y la contrarresta. / Foto: Lightstock

Es sorprendente lo difícil y extraño que puede parecer a veces Eclesiastés, y sin embargo, cuán similar es su mensaje al Sermón del Monte de Jesús. La primera tentación de la serpiente en el huerto del Edén fue: “¿De verdad dijo Dios…?”. La tentación de apartarse de la Palabra de Dios continúa a lo largo de todas las generaciones. La sabiduría no es una cuestión de opinión colectiva. La sabiduría no consiste en tratar de adivinar cuál será la próxima gran novedad antes que nadie. La sabiduría comienza con el temor del Señor y con edificar nuestras vidas sobre Sus palabras. La sabiduría cree que las instrucciones de Dios son buenas y dan vida, aunque la sabiduría rara vez reciba un premio.


Publicado originalmente en For The Church.

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William R Osborne

William R. Osborne vive en el suroeste de Missouri y actualmente se desempeña como profesor de Estudios Bíblicos y Teológicos en el College of the Ozarks. Es pastor laico en la Primera Iglesia Bautista de Forsyth, Missouri, y es autor y editor de varias obras sobre la interpretación del Antiguo Testamento.

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