He compartido sobre ser la novia de Cristo desde diferentes perspectivas: amarlo, imitarlo y vivir para Él, hoy quiero que veamos otros aspecto: pensar como Él.
“Porque ¿quién ha conocido la mente del Señor, para que lo instruya? Pero nosotros tenemos la mente de Cristo” (1 Co 2:16).
Cuando mi esposo y yo necesitamos tomar alguna decisión, no siempre estamos de acuerdo o vemos las cosas de la misma manera. Sin embargo, siempre hablamos y compartimos nuestras opiniones y evaluamos y valoramos los pros y contras de lo que decimos. Esto nos ayuda a moldear nuestro pensamiento y a llegar a un acuerdo. Siempre intentamos tomar una decisión en donde los dos estamos cien por ciento de acuerdo.
Aunque hay momentos en donde no llegamos a ese cien por ciento, como esposa me someto a mi marido ya que esta es la voluntad de Dios y lo que Él me dice en Su Palabra (Ef 5:22-24). No siempre es fácil, pero reconozco que es mejor obedecer a Dios y no dejarme llevar por mis propios deseos o pensamientos.
Como mi esposo es un hijo de Dios y la Biblia es la autoridad final en nuestro hogar, al leer y meditar en ella, el Espíritu Santo nos guía y nos ayuda a descubrir lo que Dios quiere que hagamos, por tanto, sé que él estará tomando las decisiones y guiándonos según lo que considera que es la voluntad de Dios para nosotros.

Tener la mente de Cristo nos garantizará que sabremos lo que Él piensa, que nos pareceremos a Él en nuestro carácter y personalidad, a tal punto que la gente no tendrá dudas de a quien pertenecemos y quien es nuestro esposo.
Poco a poco reflejaremos cualidades de carácter semejantes a las de Jesucristo y seremos capaces de amar a nuestros enemigos, de bendecir a quienes nos maldicen, de orar por quienes nos ultrajan y critican.

Tenemos Su mente cuando leemos Su Palabra, cuando oramos y dependemos de lo que Él dice que es verdad y nos apropiamos de lo que Su Palabra nos enseña, viviéndolo y creyéndolo de una manera real.
Podemos tener la mente de Cristo cuando hacemos lo que el apóstol Pablo nos dice en Efesios 4:23-32:
Y que sean renovados en el espíritu de su mente, y se vistan del nuevo hombre, el cual, en la semejanza de Dios, ha sido creado en la justicia y santidad de la verdad. Por tanto, dejando a un lado la falsedad, hablen verdad cada cual con su prójimo, porque somos miembros los unos de los otros. Enójense, pero no pequen; no se ponga el sol sobre su enojo, ni den oportunidad al diablo. El que roba, no robe más, sino más bien que trabaje, haciendo con sus manos lo que es bueno, a fin de que tenga qué compartir con el que tiene necesidad. No salga de la boca de ustedes ninguna palabra mala, sino solo la que sea buena para edificación, según la necesidad del momento, para que imparta gracia a los que escuchan. Y no entristezcan al Espíritu Santo de Dios, por el cual fueron sellados para el día de la redención. Sea quitada de ustedes toda amargura, enojo, ira, gritos, insultos, así como toda malicia. Sean más bien amables unos con otros, misericordiosos, perdonándose unos a otros, así como también Dios los perdonó en Cristo
He descubierto a lo largo de mi vida cristiana, que una de las bendiciones más importantes de tener la mente de Cristo es que vamos a amar lo que Dios ama y a odiar lo que Dios odia.

Y esto me lleva al último punto que quiero compartir contigo en esta serie acerca de ser la novia de Cristo: cuando amamos lo que Dios ama, buscamos la santidad.
